03 mayo 2010

Prohibido leer en un iPad

Tras pasarme varias semanas leyendo y hablando sobre las ventajas y supuestas deficiencias del iPad tenía muchas ganas de tener uno de estos cacharros en mis manos para escribir un artículo basado en mi propia experiencia y no en las opiniones de terceros.

Desde que lo conecté a mi ordenador el pasado miércoles para sincronizar mi cuenta de iTunes, no he dejado de trastear con él.

A continuación comparto mis primeras impresiones que pueden resumirse con el siguiente aviso: “Las autoridades competentes advierten que la lectura en iPad crea adicción”.

1) Excelente atención al cliente

El hecho de que en pocos segundos toda mi biblioteca de contenidos digitales (libros, música, fotos, vídeos, etc.) se pudiera trasladar desde mi antiguo dispositivo iTouch al nuevo iPad es un excelente ejemplo del tipo de servicios que las editoriales y librerías deberían estar definiendo en su estrategia digital.

2) Lectura de periódicos y revistas

A lo largo del fin de semana he estado hojeando varios artículos y entrevistas en periódicos y revistas, y también he leído de forma continua varios capítulos de un par de libros para tener una experiencia directa y personal sobre la pretendida comodidad y amabilidad del soporte para embarcarse en toda clase de lecturas.

Os adelanto que la lectura de este tipo de contenidos es de lo más amable. El tamaño de la pantalla (con una altura de 24,28 cm. y una anchura de 18,97 cm.) hace que la experiencia lectora sea muy parecida a la lectura en papel. Durante todo el fin de semana he leído artículos de opinión y entrevistas de medios nacionales e internacionales sin dificultad alguna. Al aportar color, sonido y movimiento, la experiencia lectora es más enriquecedora que la tradicional lectura de periódicos y revistas en papel.

3) Lectura de libros y ensayos

Al igual que en otros fines de semana, he aprovechado estos días para adentrarme en alguno de los múltiples libros que tengo pendientes de leer. Pero en esta ocasión sólo  he leído libros electrónicos para tener una experiencia directa y personal sobre la idoneidad del iPad para realizar largas sesiones de lectura no fragmentadas.

Tras varias horas de lectura de todo tipo de libros (novelas, ensayos, etc.) he llegado a la conclusión de que posiblemente utilice menos mi antiguo eReader de tinta electrónica para leer este tipo de contenidos.

Y parece ser que no soy el único que ha tenido esta misma sensación. Desde su lanzamiento el pasado 3 de abril, los lectores se han descargado más de 1,5 millones de ebooks. Existen cerca de 60.000 títulos disponibles en la tienda de libros iBookstore de Apple, de los cuales un 30% son libros de ficción o literatura, otro 6% corresponde a novelas de misterio o policíacas y un 5,5 a libros de memorias o biografías. Todos estos libros requieren una concentración de lectura que, según parece, los lectores están dispuestos a asumir en pantallas.

Es cierto que la lectura en dispositivos de tinta electrónica como el Kindle es mucho más amable que la lectura en pantallas LCD que tiene la mayoría de las nuevas tabletas, pero la usabilidad, comodidad y navegación del iPad hacen que te olvides rápidamente de su iluminación. El hecho de que puedas personalizar tus hábitos de lectura nivelando el grado de retroiluminación o cambiando el tipo y cuerpo de letra hace que te olvides de la tecnología y te centres en los contenidos.

La mayoría de los estudios publicados hasta la fecha sobre los hábitos de lectura en pantallas ha centrado su análisis en el comportamiento de los lectores frente a ordenadores y portátiles. Debido a que el mercado anglosajón nos lleva cierta ventaja en el proceso de digitalización de libros, varias instituciones y editoriales han llevado a cabo estudios que analizan detenidamente  los nuevos hábitos de los lectores en dispositivos con tinta electrónica, móviles o en las nuevas tabletas como el iPad.  Estos estudios señalan que el comportamiento de los lectores en este tipo de nuevas pantallas es radicalmente diferente a sus hábitos de lectura en  pantallas tradicionales.

La evolución tecnológica de estos dispositivos permitirá leer todo tipo de textualidades sin mayores dificultades.

4) Otras consideraciones de interés

Una de mis mayores preocupaciones era la capacidad de la batería. No es lo mismo leer un libro, que conlleva una actitud pausada, que leer un periódico o revista donde estamos más tiempo pasando páginas de publicidad que leyendo contenidos. Temía que el pase continuo de páginas o el visionado de vídeos se comiera la batería en un par de horas como ocurría con mi antiguo iTouch. Afortunadamente han tenido en cuenta estos nuevos hábitos y la batería responde de  maravilla. Llevo más de 8 horas pasando páginas y descargando todo tipo de aplicaciones y contenidos y aún me queda más de 1/3 de la carga.

5) Cosas que no me gustan

Sin lugar a dudas, mi principal queja es el excesivo precio del dispositivo. Al igual que  en otros lanzamientos de productos tecnológicos similares, los primeros compradores pagamos un precio “Premium” por ser los primeros en tenerlo. En mi caso he estado dispuesto a pagarlo ya que no puedo estar analizando las supuestas transformaciones de los hábitos de lectura y acceso al conocimiento debido a la irrupción de estos avances sin tener una experiencia directa y continuada sobre los mismos.

Afortunadamente, y aunque teóricamente el PVP de los libros en iPad iba a girar entre 12,99 y 14,99 dólares, os adelanto que se encuentran muchos contenidos por 9,99 dólares e incluso por menos. Desgraciadamente he hallado muy pocos libros, periódicos y revistas en español, pero me imagino que esta situación cambiará en los próximos meses.

El peso del dispositivo, cerca de 700 gramos, es excesivo en comparación con los tradicionales eReaders (Sony, Kindle, Papyre, etc.), con un peso medio de 300 gramos. Aunque también hay que reconocer que algunos de los últimos bestsellers son “tochos” que pesan más que el iPad…

Tampoco me gusta la tecnología propietaria utilizada por Apple que impide el uso y disfrute de los contenidos comprados fuera de sus dispositivos. Al igual que Amazon o Sony, este tipo de sistemas de protección, conocidos como Digital Rights Management,  impide que una persona disfrute de sus libros, música o vídeos en diferentes soportes.  Entiendo que es una táctica comercial para la venta de soportes y fidelización de clientes, pero no responde a los intereses y derechos de los consumidores. Del mismo modo que hace unos años no podíamos cambiar de compañía telefónica sin perder nuestro número de teléfono móvil, gracias a la presión en Bruselas de las asociaciones de consumidores  hemos logrado que se nos respeten nuestros derechos.

A pesar de todos los “peros” expuestos, mantengo mi máxima de que este cacharro crea adicción.
 

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