24 octubre 2018

Tecnología y lectura digital al servicio de la dislexia

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Page of the book illustration. The reading of a person with dyslexia, por Meggi/Shutterstock

Por José A. Vázquez

Seguramente todos conocemos a alguien con dislexia, aunque no lo sepamos. Se calcula que en la actualidad hay cerca de 700.000 escolares con dislexia, aunque es muy probable que no se hayan detectado todos los casos.

Este es uno de los principales problemas: la falta de atención o conocimiento por parte de algunos padres y sobre todo docentes para saber reconocer los síntomas de esta alteración en la capacidad de aprender a leer y comprender bien las palabras. De hecho, otras cifras señalan que hasta 1 de cada 20 personas podrían tener dislexia.

Esto provoca frustraciones además de problemas lógicos en el aprendizaje, e incluso llegar a detestar la lectura. Conozco un par de casos por no haber sido diagnosticado ni tratado a  su debido tiempo. Aquí no hay fomento de la lectura que sirva. El diagnóstico temprano es, como en tantas otras cosas, fundamental.

También es muy común  cuando se trata el tema de la dislexia nombrar científicos o escritores famosos para dar a entender que se puede vivir con ello o superar el problema; nombres como los de Einstein, Scott Fitzgerald, Yeats, Bolaño, etc. No obstante, para superar estos problemas de la lectura los expertos dicen que lo mejor es, precisamente, leer libros.  Y aquí entra una de las virtudes del formato digital, y junto a él el de los audiolibros porque la búsqueda de formas de facilitar la lectura para los disléxicos se ha convertido, como acabo de señalar, en su principal enfoque.

Los libros digitales permiten, como a estas alturas casi todo el mundo sabe, ciertas alteraciones que pueden ayudar a la comprensión lectora de estas personas. La capacidad de personalizar algunas funciones de los eReaders hace que estos aparatos sean los más propicios para facilitar el trabajo de mejora a las personas disléxicas.

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Audio Books and Dyslexia. Assisted reading for children with learning disabilities, por Sangoiri/Shutterstock

Algunas de estas alteraciones o personalizaciones son el espaciado de texto (que ayuda a descifrar y centrarse en cada palabra más fácilmente y, con ello, aumentar la velocidad de lectura),  el tamaño de la letra (los pasajes con una tipografía más grande pueden afectar para mejor la rapidez y facilidad con que los disléxicos pueden leer) o el tipo de fuente (ciertas fuentes específicamente diseñadas para los disléxicos pueden ayudar a distinguir mucho mejor las palabras; Overdrive también facilita la lectura a través de fuentes especialmente diseñadas para la dislexia).

Por otra parte, la tecnología de Bookshare, con su propia biblioteca digital –también con títulos en castellano– ofrece un sistema de lectura asistida que ayuda a que los libros puedan leerse en voz alta cuando así se requiera, entre otras funcionalidades específicas creadas para estudiantes con diversos tipos de incapacidades lectores, incluyendo a los niños con dislexia.

Todas estas funcionalidades han demostrado ser muy útiles para la mejora de las habilidades lectoras de los disléxicos, permitiéndoles leer no sólo más rápido, sino también cometiendo muchos menos errores, como así lo señalan diversos estudios especializados. Algo que, desafortunadamente, no puede hacer el papel.

Así, los eReaders podrían entrar dentro de lo que se llama ‘Tecnología de asistencia’ (AT), que son aquellas tecnologías, dispositivos, sistemas, etc. que ayudan a los estudiantes con dificultades de aprendizaje a trabajar en su capacidad intelectual de manera más independiente.

Del mismo modo, los audiolibros son considerados tecnologías de asistencia, junto a las aplicaciones de ‘texto a voz’ que convierten el texto en voz hablada (o text-to-speech; hay extensiones en los navegadores como las que aportan Chrome o Windows y que facilitan la lectura de las páginas web junto a aplicaciones especializadas como VoiceDream), o las herramientas de dictado de voz, que también sin útiles para estos casos.

En el caso concreto de los audiolibros, las investigaciones señalan que pueden aumentar la comprensión lectora hasta en un 76%. Dado que las personas con dislexia están expuestas a un número menor de letras, pueden perder vocabulario y, por tanto, tener mayores dificultades con frases compuestas o gramatical y semánticamente más complicadas. Al poder oír el texto a la vez que lo leen, sobre todo de manera inmersiva (por ejemplo, con auriculares) y con opción a resaltar el texto según se va leyendo, como algunas apps tienen entre sus funciones, pueden seguir mejor la lectura y, con ello, desarrollar mayor fluidez en la misma.

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Preschool Asian little girl boring in her studying, por Mama Belle and the kids/Shutterstock

Para las aplicaciones de texto a voz, además de extensiones para el navegador se pueden encontrar multitud de recursos y aplicaciones que facilitan igualmente la comprensión lectora, en este caso para texto digitales que pueden ir desde una página web hasta un documento de Word o un PDF.

Algunas de estas aplicaciones de escritorio son Natural Reader (que convierte docx., PDF y otro tipo de documentos de texto en audio; tanto para ordenadores como para soportes móviles), Rewordify (sólo inglés, desconozco si hay equivalente para español, aunque puede ser muy útil para niños disléxicos que están estudiando esta lengua), que simplifica el texto para que sea más fácil de entender(un recurso sobre todo para niños)

Hay otras tecnologías de asistencia basadas en la voz y que también se basan en la escritura, y no sólo en la lectura. Una de ellas es TalkTyper (esta sí disponible en castellano), que sirve para dictar, de modo que en esta ocasión la herramienta recoge lo que habla el usuario para que luego este repase la misma locución en forma de texto y pueda reconocer las palabras a la vez que editar el texto. De este tipo hay muchos equivalentes en multitud de idiomas.

Son, por tanto, diferentes los recursos tecnológicos que hacen que la lectura digital facilite la comprensión lectora de estas personas y que, desafortunadamente, no puede hacer el papel.  No obstante, para que no todo se quede en lo digital, se está trabajando en libros impresos que sean amigables, por así decir, para la lectura de las personas con dislexia, en este caso niños en sus primeras etapas lectoras.

Es el caso de la creación de la tipografía para papel OpenDyslexic que, junto a diferentes tintes, hojas no del todo blancas (que pueden generar estrés visual o migrañas, para eso no hace falta ser disléxico) y márgenes menor adaptados, dieron lugar a Dayglo Books con tecnología de IngramSpark. Una iniciativa similar es la de Little Monkey Books.

Por último, ni todas las discapacidades lectoras son fruto de la dislexia, ni la propia dislexia tiene nada que ver con las capacidades intelectuales de las personas (para su muestra, además de la evidencia científica, más arriba he dado ilustres ejemplos), pero es importante que los padres y docentes estén muy atentos antes de que sus hijos terminen también, como los casos que conozco, aborreciendo la lectura. Y esta vez con razón.

 

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