Inteligencia artificial y creación: retos y prácticas
El extenso informe “Inteligencia artificial y creación: desafíos y prácticas” es una obra colectiva promovida por varias ciudades del Réseau des Villes Créatives de la UNESCO, con el apoyo de la Comisión Nacional Francesa para la UNESCO y del Ministerio francés de Europa y Asuntos Exteriores.
Su finalidad es analizar, desde una perspectiva internacional y multidisciplinar, el impacto creciente de la inteligencia artificial en las industrias culturales y creativas, así como los retos que esta tecnología plantea a la creación artística contemporánea.
Así, el documento parte de la idea de que la IA constituye una nueva revolución tecnológica, comparable en alcance a la aparición de internet, como ya se puede haber leído o escuchado en distintas ocasiones. Esta transformación afecta profundamente a la manera en que hoy ya se producen, difunden, consumen y valoran las obras culturales.
Dado que las ciudades concentran gran parte de los espacios culturales, así como de los creadores y las industrias creativas, el documento subraya la responsabilidad de los entornos urbanos para orientar el desarrollo de la IA hacia modelos más éticos, inclusivos y respetuosos con las diferentes culturas. Todo esto en coherencia con las recomendaciones de la UNESCO sobre la ética de la inteligencia artificial.
Uno de los ejes centrales de dicho documento es el conflicto entre innovación tecnológica y derechos culturales, especialmente en lo que respecta al derecho de autor. Los modelos de IA generativa se entrenan a partir de grandes volúmenes de datos que incluyen obras literarias, musicales, audiovisuales y visuales protegidas.
Esta práctica plantea interrogantes sobre la legalidad del uso de estos contenidos, la remuneración de los creadores y la transparencia de los sistemas de entrenamiento. En este contexto, se destaca la necesidad de marcos jurídicos claros que garanticen un reparto justo del valor y eviten la apropiación indebida del trabajo creativo humano.
Desde una perspectiva ética y filosófica, el documento aborda la desestabilización del acto creativo. Así, la creación artística, tradicionalmente entendida como una expresión de la subjetividad, la emoción y la intención humanas, se ve cuestionada por sistemas algorítmicos capaces de generar obras de apariencia autónoma.
Los autores insisten en que la IA no posee conciencia, sensibilidad ni responsabilidad moral, lo que hace imprescindible mantener identificable la intervención humana en los procesos de creación asistida. También se alerta sobre el riesgo de una estandarización de las formas artísticas y de un empobrecimiento de los imaginarios si la producción algorítmica se impone sin un marco crítico.
En el plano económico, el libro analiza cómo la IA intensifica una característica ya estructural de las industrias culturales: la abundancia de contenidos. Al reducir drásticamente las barreras técnicas de entrada y acelerar la producción, la IA genera una sobreoferta que dificulta la visibilidad de las obras y de los nuevos creadores. Este fenómeno puede reforzar las desigualdades entre grandes plataformas y actores independientes, poniendo en peligro la diversidad cultural y la renovación artística.
La obra se estructura en torno a tres aportaciones transversales -dedicadas al derecho, la ética y la economía de la creación- y cuatro capítulos sectoriales centrados en el cine, la literatura, la música y las artes digitales. Cada capítulo combina análisis críticos con entrevistas a artistas y profesionales internacionales, organizadas a partir de preguntas comunes sobre el papel de la IA como herramienta o cocreadora, la autenticidad artística, los riesgos de repetición algorítmica, las implicaciones éticas y las perspectivas de futuro.
En el recorrido por estos sectores, el documento pone de manifiesto que, pese a sus especificidades, todos comparten tensiones similares frente a la inteligencia artificial. Por ejemplo, en el cine la IA aparece tanto como herramienta técnica -optimización de efectos visuales y de sonido, escritura asistida, análisis de audiencias- como objeto narrativo que refleja las inquietudes humanas sobre el control, la identidad y la relación con la máquina. No obstante, se subraya el riesgo de una homogeneización estética y de una pérdida de singularidad autoral si la lógica algorítmica domina los procesos creativos.
En cuanto a la literatura, la IA cuestiona de manera directa la noción de autoría y estilo, ya que su capacidad para imitar voces literarias plantea problemas de originalidad, legitimidad y derechos de autor, al tiempo que invita a repensar la escritura como un espacio de experimentación híbrida donde la intención humana sigue siendo decisiva.
En el ámbito musical, la IA acelera transformaciones ya en curso dentro de la industria, facilitando la composición, la producción y la difusión, pero también intensificando la sobreabundancia de contenidos y la creciente fragilidad económica de los creadores, lo que obliga a replantear los modelos de remuneración y reconocimiento artístico.
Por último, en las artes digitales, la IA se integra de manera más orgánica como material creativo, abriendo nuevos lenguajes visuales e interactivos, aunque no exentos de interrogantes éticos sobre la estandarización de los imaginarios y la pérdida de diversidad simbólica.
En conjunto, estos cuatro capítulos convergen en una misma idea: la inteligencia artificial amplía el campo de lo posible en la creación contemporánea, pero exige una vigilancia constante para que esta expansión no se realice en detrimento de la pluralidad cultural y del sentido de la obra.
En sus conclusiones, el documento defiende una posición equilibrada. Se resume entonces que la inteligencia artificial no debe entenderse ni como una amenaza absoluta ni como una solución milagrosa, sino como un instrumento poderoso cuyo impacto depende del uso que hagan de él las sociedades humanas.
Como también hemos leído y subrayado en diferentes ocasiones, lejos de sustituir al creador, la IA puede ampliar las posibilidades expresivas y estimular nuevas formas de creación, siempre que se preserve la centralidad de la intención humana, la responsabilidad ética y el reconocimiento del trabajo artístico.
El texto subraya asimismo que el verdadero desafío no es tecnológico, sino cultural y político. Es decir, se trata de decidir colectivamente qué lugar se concede a la IA en la producción simbólica, qué valores deben guiar su desarrollo y cómo garantizar que la innovación no se haga en detrimento de la diversidad, la libertad de expresión y la dignidad de los creadores.
En este sentido, la cultura aparece como un espacio fundamental de mediación entre progreso técnico y valores humanistas.
En la tercera edición de Parix Audio Day 2026, que se celebrará el próximo 19 de febrero en la Casa del Lector, se hablará sobre estos temas en varias de las sesiones del programa.
Se puede acceder y descargar el documento (en francés) desde este enlace (Pdf).




