La circulación del español a través de Bad Bunny
El 8 de febrero de 2026, Bad Bunny hizo historia al protagonizar el medio tiempo de la final de la Super Bowl íntegramente en español, ante una audiencia de 125,6 millones de espectadores en directo, según datos de Nielsen.
Esto consolidaba un proceso que ya estaba en marcha, como es la normalización del español en el sistema musical global. Este evento, el cuarto Super Bowl más visto de la historia, no marcó el inicio de un cambio, sino su confirmación.
Su actuación generó un impacto mediático valorado en 1.800 millones de dólares, un aumento del 470% en reproducciones en Spotify en Estados Unidos y más de 4.100 millones de visualizaciones en YouTube en sólo 24 horas. Estos datos reflejan cómo su música, originaria de Puerto Rico, ha trascendido fronteras lingüísticas y geográficas, llevando el español a escenarios dominados tradicionalmente por el inglés.
Un extenso informe del Observatorio Nebrija del Español ha analizado su trayectoria entre 2016 y 2026, combinando datos cuantitativos -75 hojas de cálculo, 33.399 registros y 432.093 unidades de datos de plataformas como Spotify, YouTube, TikTok y Apple Music- con entrevistas cualitativas a expertos.
El estudio revela que Bad Bunny no es sólo un fenómeno de popularidad, sino un caso de estudio sobre cómo el español circula en el ecosistema musical contemporáneo.
Entre los hallazgos destacan el crecimiento discontinuo de su audiencia, impulsado por aceleradores como lanzamientos -el álbum ‘Un Verano Sin Ti’ registró 183 millones de streams en su primer día en Spotify, superando el récord de Drake-, giras, eventos masivos y viralidad en redes sociales.
En abril de 2026, su catálogo sumaba 56,8 millones de streams diarios en Spotify y 14,5 millones de visualizaciones diarias en YouTube, con 30 canciones por encima de los 1.000 millones de reproducciones. Esto demuestra que, en el streaming, las canciones no son desplazadas por los nuevos lanzamientos, sino que coexisten, alterando la lógica temporal del éxito musical.
Su base de consumo se construyó desde los oyentes antes de ser amplificada por los algoritmos. En 2025, el 57,07% de su alcance en Spotify provenía de playlists de usuarios, frente al 42,1% de las editoriales, lo que evidencia una base de fans activa y fiel que no depende exclusivamente de la exposición algorítmica.
Bad Bunny encarna así la visibilidad máxima de un proceso más amplio: la consolidación del español como lengua de circulación cultural. Sin embargo, el estudio matiza que la internacionalización del catálogo y la universalización de la audiencia avanzan a ritmos distintos.
Aunque el 77,9% de sus oyentes se concentra en Latinoamérica y España, y el 20,4% en Estados Unidos, su música llega a mercados no hispanohablantes como Alemania, Francia, Italia, Japón o Corea del Sur. Por ejemplo, la canción ‘DtMF’ (2025) se registró en 34 países, incluyendo Alemania e India, donde alcanzó el número 1 en iTunes, sin necesidad de colaboraciones con artistas anglófonos.
El estudio también desglosa el papel de cada plataforma en su éxito. Spotify actúa como infraestructura de escala global, con 1,7 millones de playlists que incluyen sus canciones en 2026, mientras que YouTube funciona como plataforma híbrida, donde el catálogo histórico persiste.
TikTok, por su parte, actúa como mecanismo de «resurrección» para canciones antiguas, reactivando su visibilidad, y Shazam indica adopción consciente del español en mercados no hispanos: en marzo de 2026, ‘NUEVAYoL’ era la segunda canción más buscada en la plataforma, con registros en países como Alemania, Francia o Reino Unido.
Bad Bunny no opera en solitario. Su éxito se enmarca en una estrategia colectiva de la música en español, donde las colaboraciones han sido clave para acceder a mercados globales. Artistas como J Balvin, Shakira, Karol G o Rosalía han usado este mecanismo para ampliar su alcance. En 2026, Bad Bunny lidera el ranking de Spotify con 114,5 millones de seguidores, seguido por Karol G, Shakira y J Balvin, lo que confirma un patrón de éxito estructural para el español.
A pesar de su impacto, persisten tensiones. Bad Bunny canta en puertorriqueño, con rasgos como el lambdacismo, lo que ha generado críticas por «deformar el idioma». Sin embargo, la Academia Puertorriqueña de las Letras lo reconoció en 2026 por su aportación a la difusión global del español, destacando cómo su música supera prejuicios hacia las variantes populares y urbanas de la lengua.
Además, su éxito no garantiza una pluralidad en la representación del español ya que el sistema podría estar reforzando una hegemonía caribeña y puertorriqueña, dejando fuera otras diversidades latinoamericanas. Aunque el español llega a mercados no hispanos, el 1,7% de su audiencia se concentra en Europa y otros territorios, lo que sugiere que la universalización de la audiencia aún es limitada.
El estudio identifica a su vez tres contribuciones analíticas que trascienden el caso de Bad Bunny: la circulación no lineal del catálogo, la tipología de aceleradores -eventos que generan discontinuidades y dejan «residuos» permanentes- y la distinción entre audiencia construida y amplificada.
Bad Bunny construyó su base de fans antes de que los algoritmos la amplificaran, lo que le otorga una posición estructural difícil de replicar. Su trayectoria demuestra que la música en español no circula a pesar del ecosistema digital, sino a través de él, con una arquitectura propia.
Sin embargo, queda abierta la pregunta de si el sistema se abrió para el español o si el español se adaptó al sistema para seguir siendo rentable. Los datos muestran que, aunque el español gana centralidad, esta sigue organizándose en torno a lógicas de concentración que favorecen a quienes ya tienen escala.
El desafío futuro será analizar en qué condiciones circula el español y quién decide esas condiciones.




