Uso y divulgación de la IA en la investigación académica
El uso de la IA en la investigación académica está creciendo rápidamente y plantea nuevos retos relacionados con su uso responsable y, en especial, con la transparencia de su divulgación.
Oxford University Press ha actualizado sus directrices para autores y editores con el objetivo de establecer criterios claros sobre qué usos de la IA deben declararse en la preparación de manuscritos.
Una encuesta global realizada a más de 2.600 investigadores muestra que, aunque existe un amplio apoyo a la divulgación, el 74% no tiene claro qué usos de la IA debe declarar y apenas el 36% registra su utilización durante la investigación. Además, el 44% teme que revelar su uso pueda afectar negativamente a la percepción de su trabajo y el 35% considera que la divulgación supone una carga administrativa adicional.
A pesar de estas dificultades, la percepción de la IA es mayoritariamente positiva, ya que el 64% de los investigadores considera que es beneficiosa para su investigación, el 68% utiliza chatbots de IA disponibles en la web abierta, y el 49% emplea herramientas de traducción automática.
Sus principales usos son descubrir investigaciones existentes (55%), resumirlas (46%) y editar textos (45%). Asimismo, el 68% considera que la IA puede contribuir a reducir las barreras de acceso al conocimiento. Sin embargo, existen diferencias entre disciplinas, como por ejemplo que el 35% de los investigadores de artes y humanidades nunca utiliza herramientas de IA, frente al 15% en ciencia, tecnología y medicina, y al 18% en ciencias sociales.
La confianza en los resultados generados por IA sigue siendo limitada. Sólo el 20% de los investigadores confía en ellos, mientras que el 37% de quienes no utilizan IA manifiesta preocupación por su precisión, sesgo y fiabilidad.
Además, únicamente el 26% considera precisos los resúmenes bibliográficos generados mediante IA. Como medida de control, el 83% de los investigadores ha establecido prácticas para verificar las fuentes de citación generadas por estas herramientas, y el 80% contrasta siempre sus resultados para comprobar su fiabilidad.
El estudio identifica también cinco perfiles de investigadores según sus actitudes y comportamientos frente a la IA. Entre ellos se encuentran los ‘escépticos persistentes’, más frecuentes en artes y humanidades y caracterizados por su baja confianza en estas tecnologías; los ‘usuarios ocasionales despreocupados’, más comunes entre investigadores con mayor trayectoria profesional y menos propensos a registrar su uso de IA; y los ‘pioneros frustrados’, que son quienes más beneficios obtienen de la IA, pero también quienes más preocupación muestran por la carga administrativa de divulgar su utilización.
Estos últimos son más frecuentes en ciencias sociales y en medicina, así como entre investigadores noveles.
Por otra parte, la falta de claridad también se observa a nivel institucional, ya que el 45% considera que el enfoque de su institución sobre la IA no está claro, mientras que el 43% lo considera bastante o muy permisivo. Esta situación puede explicar que muchos investigadores no divulguen completamente su uso.
En el último año, el 48% de quienes prepararon solicitudes de subvención no declaró completamente su utilización de IA, especialmente en la redacción narrativa, la traducción, la edición y los resúmenes en lenguaje sencillo. Entre los autores de revistas, el 46% tampoco la divulgó completamente, al igual que el 39% de los autores de libros, principalmente en tareas de redacción narrativa. Sólo al 42% de los autores de revistas y al 30% de los autores de libros se les pidió confirmar si habían utilizado IA al presentar sus manuscritos.
En cuanto a la revisión por pares, el 25% de los revisores no había divulgado completamente su uso de IA, especialmente para la corrección de estilo. Así, aunque el 60% consideraba que su uso y divulgación cumplían las políticas de revisión, existían opiniones diversas sobre la claridad de las normas de las revistas.
En consecuencia, muchos investigadores reclaman políticas de divulgación más claras y coherentes. Algunos consideran que la IA debería normalizarse como una herramienta de investigación y que la divulgación debería limitarse a determinados usos, mientras que otros defienden una divulgación estandarizada y obligatoria.
Los resultados muestran entonces que la IA está cada vez más integrada en la investigación académica, pero que todavía existe una importante brecha entre su utilización y su divulgación, lo que pone de manifiesto una vez más la necesidad de establecer normas claras, coherentes y transparentes.




