Un tercio de los lectores utiliza la IA para crear sus propias historias

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
Un estudio reciente titulado “AI Fiction in the Wild” -basado en el análisis de más de medio millón de conversaciones anónimas en inglés de usuarios de ChatGPT- revela que más de un tercio de estas interacciones están dedicadas a la generación de ficción, incluyendo historias originales, roleplay, fanfiction y erotismo.
Este fenómeno no sólo confirma que los lectores están utilizando herramientas de IA para crear contenido narrativo, sino que también sugiere un cambio profundo en la relación tradicional entre autor y lector, un tema que fue presentado en la ‘MFS Cultural AI Conference’ en 2025 y que pronto se publicará en ‘Modern Fiction Studies’.
El informe explora cómo los modelos de lenguaje están redefiniendo la producción y el consumo de ficción, planteando preguntas urgentes sobre el futuro de la literatura, la socialidad y la creatividad en la era digital.
El análisis identifica patrones claros entre los usuarios que generan ficción con IA. Por un lado, están los denominados «demandantes de historias infinitas», que solicitan y revisan variaciones de la misma narrativa una y otra vez, a veces durante meses.
Un ejemplo extremo es el de un usuario que repitió miles de veces una historia de fanfiction basada en el universo de ‘Doki Doki Literature Club!’, explorando permutaciones de un mismo argumento, como el parto de un personaje, lo que sugiere que el atractivo no radica en la perfección del relato, sino en la satisfacción de consumir versiones infinitas, cada una con matices distintos pero dentro de un marco familiar.
Por otro lado, los «cicladores de historias» reinciden sobre un tema o personaje durante un tiempo para luego cambiar a otro, aunque suelen mantener elementos recurrentes, como un usuario que creó múltiples versiones de una historia de viaje en el tiempo con los mismos protagonistas, donde variaba detalles pero mantenía la esencia del relato.
Ambos perfiles reflejan una preferencia por la repetición, la inmediatez y la personalización extrema, características que la IA permite llevar al límite.
El estudio destaca que el 49% de las conversaciones de ficción están relacionadas con las fanfiction, mientras que el 27% incluyen contenido explícito. Estos géneros son especialmente adecuados para la generación con IA porque se basan en fórmulas predecibles y permiten una personalización detallada.
Los usuarios pueden especificar requisitos “ultraespecíficos”, como una escena donde dos personajes tienen rasgos y dinámicas concretas, algo que supera incluso los sistemas de etiquetado de plataformas como ‘Archive of Our Own’. Además, la IA permite satisfacer el deseo de contenido bajo demanda, sin esperar a que un autor humano lo produzca, como en el caso de un lector que, impaciente por el siguiente capítulo de una fanfiction publicada cada dos semanas, usó ChatGPT para generar su propia versión del capítulo pendiente.
El estudio propone entonces dos reflexiones teóricas clave. La primera es el surgimiento del «lector-escritor solipsista», una figura que genera, dirige y consume ficción en un bucle cerrado, sin interacción humana.
Este fenómeno comparte similitudes con el consumo de pornografía, donde la gratificación es inmediata, repetitiva y personalizada, y donde el «otro» actúa como un espejo de los deseos del usuario.
La segunda reflexión se centra en cómo la IA actúa como motor de nuevas formas narrativas, lo que permite cierta interactividad, juego y permutación, características exploradas en estudios previos sobre juegos y medios.
La capacidad de generar historias multiformes, donde un mismo relato puede tener múltiples versiones excluyentes, se alinea con tradiciones literarias como las de Borges o Calvino, y la IA literaliza estas ideas, lo que también permite a los usuarios explorar todos los caminos posibles de una narrativa sin limitaciones físicas.
El estudio plantea asimismo escenarios posibles para el futuro de la ficción generada por IA. Uno de ellos es la “comoditización” de la ficción, donde los modelos de lenguaje podrían acelerar la producción masiva de contenido genérico, aunque la calidad y la originalidad podrían verse afectadas, como sugieren los bajos ratings de libros generados por IA en plataformas como Amazon.
Otro escenario es la pérdida de sociabilidad, donde la ficción hiperpersonalizada podría atomizar la experiencia literaria, reduciendo las oportunidades de compartir textos en común, como en clubes de lectura o comunidades de fanfiction.
Autores como Ted Chiang han señalado que el arte es un acto de comunicación social, y sin otro ser humano en el proceso, el significado mismo de la creación podría transformarse. Finalmente, el estudio destaca el surgimiento de nuevos modelos de negocio, como Character.AI, valorada en más de mil millones de dólares, que capitalizan el atractivo de las historias interactivas y personalizadas, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
A pesar de su potencial, la ficción generada por IA se enfrenta obstáculos técnicos y éticos. Los modelos actuales generan respuestas promedio de 385 palabras, muy por debajo de la longitud de una novela o incluso para una fanfiction promedio, y mantener la coherencia en textos largos sigue siendo un desafío.
Además, aunque muchos usuarios buscan contenido erótico, las políticas de plataformas como ChatGPT lo restringen, aunque ya existen modelos especializados que caracterizan a estos nichos. También persisten cuestionamientos éticos, ya que la IA se entrena con obras protegidas por derechos de autor, lo que plantea debates sobre consentimiento, compensación y originalidad.
Como sea, el estudio ofrece una ventana única a cómo los lectores están adoptando la IA para crear ficción, mostrando no sólo un nuevo archivo de historias, sino nuevas formas de entender la autoría y la narrativa.
Si bien es tentador descartar la ficción generada por IA como un fenómeno marginal, el estudio sugiere que merece mayor atención crítica, pues podría redefinir el paisaje literario en las próximas décadas, algo que deja más preguntas abiertas sobre el futuro de la creatividad, la conexión humana y el significado mismo de la literatura.




