Los podcast desbancan a la no ficción en el Reino Unido
En los últimos años, el mercado editorial británico ha encendido las alarmas ante una caída sostenida en las ventas de libros de no ficción.
Las cifras son elocuentes ya que en 2019 se vendieron 72 millones de ejemplares, y en 2025, apenas 55 millones. Esto significa que se compraron 17 millones menos de libros factuales que hace seis años.
Sólo en 2025, las ventas descendieron un 6% respecto a 2024, marcando el total anual más bajo desde 2017. Mientras tanto, la ficción vive un momento de auge, impulsada por fenómenos comerciales como el romance fantástico.
El contraste no es sólo cuantitativo, sino también cualitativo. Hace una década, títulos de gran ambición intelectual dominaban las listas de éxitos, como Sapiens, de Yuval Noah Harari, o A Short History of Time, de Stephen Hawking.
Hoy resulta difícil imaginar una obra de astrofísica o de historia intelectual compitiendo con productos derivados de franquicias juveniles o con manuales de autoayuda viralizados en redes sociales. En 2024, sólo cuatro títulos de no ficción lograron situarse entre los 20 más vendidos del año.
Entre las causas señaladas destaca el auge de los podcasts. En el Reino Unido, se estima que en 2025 alcanzaron una audiencia de 15,5 millones de personas. Programas como ‘The Rest Is History’, copresentado por el historiador Dominic Sandbrook, ofrecen relatos históricos accesibles y atractivos que, para parte del público, sustituyen la lectura de obras extensas.
Según varios editores, el podcast se ha convertido en el primer competidor real del libro como formato para el consumo de conocimiento profundo.
Otro factor clave es el cambio en las estrategias editoriales. Tras la pandemia y la expansión de plataformas como TikTok o Substack, muchas editoriales han adoptado un modelo de “publicación dirigida por plataformas”. En lugar de apostar por autores emergentes con proyectos ambiciosos, priorizan a figuras con audiencias consolidadas en redes sociales.
La historiadora Rachel Hewitt ha denunciado que varias de sus propuestas fueron rechazadas por no contar con una “plataforma” suficiente, pese a su experiencia y éxitos previos.
A ello se suma un problema estructural: los libros de no ficción son caros de producir, requieren investigación, índices, mapas e ilustraciones. El agente literario Toby Mundy sostiene que financiar grandes obras con anticipos editoriales es cada vez más difícil, salvo para autores ya consagrados. Así, muchos de los historiadores de referencia -como Mary Beard o Anthony Beevor- pertenecen a generaciones que no están siendo reemplazadas con la misma fuerza por autores jóvenes.
Sin embargo, existen excepciones recientes que demuestran que aún hay apetito por la no ficción rigurosa y bien escrita, como Empire of Pain, investigación sobre la crisis de los opioides en Estados Unidos. Algunos agentes sostienen que el ciclo puede invertirse si el público, saturado de consumo fragmentario y “doomscrolling”, busca recuperar la atención profunda que exige un libro ambicioso.
El desafío, en definitiva, no es sólo comercial, sino cultural. Si la industria quiere revertir la tendencia, deberá equilibrar el peso de las plataformas con la apuesta por contenidos sólidos y originales. Como resume un editor independiente, la clave está en garantizar que los libros de no ficción sean, sencillamente, extraordinariamente buenos.




