Alkar Contemporary: cuando el coleccionismo privado se abre a la ciudad
Bilbao acaba de sumar un espacio que merece aplauso por partida doble: por lo que muestra y por lo que representa. Alkar Contemporary, la sede que Fernando Arriola y Yolanda Zugaza han abierto para dar a conocer su colección privada de arte contemporáneo es una de esas iniciativas que en nuestro país siguen siendo una rareza, muy al contrario de lo que ocurre en nuestro entorno europeo, donde el coleccionismo privado lleva décadas construyendo centros de exhibición abiertos al público.
Crédito foto: Folleto de Alkar Contemporary
En España, los ejemplos más cercanos y consolidados siguen siendo la Fundación Studiolo, gestionada por Candela Álvarez Soler y la Colección Solo, gestionada por Ana Gervás y David Cantolla, ambas colecciones con sede en Madrid, y ver un proyecto similar replicado ahora en Bilbao, es una noticia excelente para sector cultural.
Una colección de fondo, una muestra parcial
La colección reúne cerca de 500 obras acumuladas a lo largo de más de dos décadas, de las que actualmente se exhibe una selección de unas 50 obras repartida en las tres plantas de un antiguo garaje del ensanche bilbaíno, rehabilitado para la ocasión. El resultado arquitectónico es notable: el edificio conserva el carácter industrial del inmueble original mientras habilita salas de exposición, biblioteca y espacios de archivo que dan al conjunto una vocación de espacio cultural y no de simple sala de exposiciones.
On Being Human: un discurso curatorial con ambición
El folleto de la muestra inaugural, titulada On Being Human, deja clara la ambición conceptual del proyecto: una reflexión sobre la condición humana en la que emergen cuestiones como el poder, la violencia, la memoria, la migración o la identidad, junto a otras más silenciosas como la fragilidad, la belleza, la vida cotidiana, la decadencia o la posibilidad de reparación. El propio texto insiste en que no se trata de una lectura política o sociológica, sino de una aproximación al ser humano en su complejidad individual y colectiva, íntima e histórica, en la que el cuerpo aparece como imagen, huella, materia o ausencia.
Esta declaración de intenciones se traduce, sobre el terreno, en una organización por núcleos temáticos —entre ellos Fragilidad, Belleza, Tránsitos, Memoria, Vínculos, Encuentros, Reparación, Homenaje, Identidad, Poder, Vulnerabilidad o Herida— que agrupan obras de un elenco de artistas de primer nivel: desde nombres consolidados como Anselm Kiefer, Louise Bourgeois, Georg Baselitz, Christian Boltanski, Barbara Kruger, William Kentridge, Marlene Dumas o Tracey Emin, hasta una presencia notable de artistas vascos como June Crespo, Pello Irazu, Elena Aitzkoa, Sahatsa Jauregi, Jon Mikel Euba o Ángel Bados. Es precisamente esta mezcla de proyección internacional y arraigo local uno de los mayores activos de la colección.
Crédito foto: Folleto de Alkar Contemporary
La visita guiada: dedicación que aún necesita soltura
El acceso solo es posible mediante reserva previa y pago de una visita guiada. Hay que reconocer la implicación y pasión de dos personas encargadas de nuestra visita, pero se nota que el formato todavía está rodando: no se permite acercarse a las obras ni pasear por las salas en paralelo al recorrido guiado, algo que sorprende tratándose de un público que, en este tipo de colecciones, suele estar compuesto en buena parte por profesionales del mundo del arte y coleccionistas, es decir, visitantes que ya demuestran un cuidado extremo en su comportamiento ante la obra. Es una rigidez que probablemente se irá relajando con el rodaje, pero que hoy limita una experiencia que podría ser mucho más cercana.
El silencio sobre el criterio / motivos de la colección
Llama la atención que ni en la web, ni durante la visita, ni tampoco en el propio folleto se ofrezca información sobre los coleccionistas o sobre el origen y la trayectoria de la colección: el material impreso se limita a describir Alkar Contemporary como “una colección corporativa privada de arte contemporáneo con sede en Bilbao”, sin una sola mención a quiénes hay detrás ni al criterio de coleccionismo que la ha ido conformando. En un proyecto que precisamente reivindica el valor de compartir un patrimonio privado con el público, esa reserva resulta un tanto contradictoria y priva a la visita de un relato que ayudaría a entender el porqué de las piezas.
Sin fotografías, sin memoria posterior
Tampoco se permite hacer fotografías durante el recorrido, una limitación que dificulta el seguimiento posterior de las obras vistas —para investigar más sobre un artista concreto, por ejemplo— y que reduce las posibilidades de que los propios visitantes se conviertan en embajadores de la colección ante quienes todavía no saben de la existencia de este espacio en Bilbao. El folleto tampoco suple esta carencia: aunque incluye un listado de las obras expuestas, no ofrece una ficha individual de cada pieza ni información adicional sobre los artistas, con lo que el seguimiento posterior a la visita queda, en la práctica, muy limitado.
Un ritmo de rotación muy lento
Otro punto que sorprende es el bajo índice de rotación previsto: si cada selección de las cerca de cincuenta obras expuestas permanece en sala durante un año, se necesitarán del orden de diez años para recorrer el conjunto completo de la colección. Es un ritmo que, aunque puede responder a razones de equipo de gestión o de programación, contrasta con las expectativas de un público que quisiera ver renovarse la propuesta con más frecuencia.
Un montaje temático con recorrido por hacer
La muestra se organiza, como se ha señalado, por núcleos temáticos, una decisión que valoro positivamente porque busca dar continuidad y sentido al recorrido más allá de la mera sucesión de obras. Sin embargo, sobre el terreno el hilo conductor entre algunas piezas y las ideas que las agrupan resulta todavía algo laxo; sería deseable que las próximas ediciones profundizaran en ese relato curatorial para que la relación entre pieza y concepto quede mejor anudada y resulte más legible para el visitante no especializado.
Una oportunidad para llegar a nuevos públicos
Sería muy positivo que, además de las visitas actuales, se diseñaran actividades pensadas para un público no especializado, especialmente gente joven, con el objetivo de acercarles obras y lenguajes artísticos poco habituales en su entorno cotidiano y contribuir así a abrirles la mente a nuevas ideas y sensibilidades.
En definitiva
Vaya por delante, de nuevo, la enhorabuena a Alkar Contemporary por una iniciativa que anima a que el impulso del coleccionismo no dependa solo de instituciones o empresas, sino también de particulares dispuestos a compartir su patrimonio y a apoyar a los creadores.
Los aspectos de mejora señalados —flexibilidad en la visita, más información sobre la colección, política de fotografías, ritmo de rotación y programación para nuevos públicos— son, en el fondo, la prueba de que el proyecto tiene recorrido y margen para consolidarse como un referente cultural más allá de Bilbao.





