05 marzo 2026

La inteligencia artificial y el futuro de la edición

Foto de Brett Jordan en Unsplash

Foto de Brett Jordan en Unsplash

La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales factores de transformación del sector editorial, un cambio que plantea oportunidades inéditas y, al mismo tiempo, profundas tensiones éticas, creativas y jurídicas.

Este fue el eje central del debate celebrado durante la 43.ª edición del Seminario de Formación Avanzada de la Escuela de Libreros Umberto y Elisabetta Mauri en Venecia, donde editores, libreros y expertos internacionales analizaron cómo la IA está redefiniendo la cadena del libro.

Desde el inicio de las jornadas quedó claro que la IA no es una posibilidad futura, sino una realidad ya operativa. Para Stefano Mauri, Vicepresidente de la Fundación Umberto y Elisabetta Mauri, hablar de IA en el ámbito editorial implica reconocer una “inteligencia editorial” basada en la experiencia, la sensibilidad cultural y la creatividad humanas, que no puede ser sustituida por algoritmos.

Sin embargo, también subrayó que resulta impensable imaginar un futuro en el que la IA se aplique a todos los sectores excepto al editorial. La cuestión clave no es, por tanto, si debe utilizarse, sino cómo y con qué límites.

Así, los participantes coincidieron en que la IA puede desempeñar un papel valioso como herramienta de apoyo. Utilizada de forma responsable, permite organizar grandes volúmenes de información, acelerar procesos internos, optimizar la distribución y mejorar la gestión de datos.

No obstante, Mauri fue tajante al señalar que no debería emplearse para escribir o editar libros, ya que el acto editorial “implica una mediación cultural y humana que va más allá de la eficiencia técnica”. La IA, advirtió, es una tecnología “seductora”, capaz de imitar estilos y producir textos convincentes, lo que exige una vigilancia constante para “no confundir apariencia con profundidad creativa”.

Por supuesto, otro de los temas más controvertidos del debate fue la vulneración de los derechos de autor. Brian Murray, presidente y director ejecutivo de HarperCollins, insistió en que la protección del copyright debe seguir siendo un pilar irrenunciable, incluso en este contexto de innovación acelerada.

En Estados Unidos existen cerca de 90 demandas en curso relacionadas con el uso no autorizado de obras protegidas para entrenar modelos de IA. Muchas grandes empresas tecnológicas, señaló Murray, esperan el resultado de estos procesos antes de formalizar acuerdos con las editoriales.

Por tanto, la ausencia de normas claras genera una situación de incertidumbre que afecta a toda la industria. Las reglas aún no están escritas y, según el resto de ponentes, será imprescindible una colaboración transversal entre editoriales, legisladores y empresas tecnológicas.

Murray por su parte defendió un enfoque pragmático basado en acuerdos comerciales que permitan el uso de contenidos editoriales a cambio de una remuneración justa para autores y editores, evitando litigios prolongados que podrían retrasar soluciones sostenibles durante años.

Desde la perspectiva europea, Sonia Draga, fundadora y directora general de la editorial Sonia Draga Publishing Group, una de las más importantes del mercado polaco, subrayó la complejidad añadida que introduce la autoedición. Aproximadamente el 60% de los libros de carácter general provienen de este ámbito, donde la IA se utiliza de forma extensa, aunque la mayoría de estos títulos tenga una circulación muy limitada.

Además, en la edición académica y profesional, el uso de herramientas de IA es ya habitual, hasta el punto de que muchos autores no conciben su trabajo sin ellas. El desafío, según Draga, consiste en encontrar un equilibrio entre la protección de los derechos de autor y las restricciones que podrían limitar prácticas creativas y profesionales ya consolidadas.

Otro aspecto relevante fue el tema de la aplicación de la IA en tareas como la traducción, el diseño gráfico o la distribución. Aunque estas herramientas pueden aumentar la productividad, también presentan riesgos, como errores, “alucinaciones” o problemas de atribución de responsabilidad. En este sentido, se destacó la importancia de la responsabilidad individual del autor o del profesional que utiliza IA, especialmente ante posibles acusaciones de difamación o uso indebido de contenidos.

La reflexión final del seminario abordó los límites más profundos de la IA en relación con la creación literaria. A partir de un experimento en el que una IA completó un fragmento omitido de una obra de la Premio Nobel Han Kang, muchos lectores consideraron el texto generado como más emotivo que el original. Sin embargo, al conocerse el contexto biográfico real de la autora, emergió una diferencia fundamental: la IA puede imitar el estilo, pero carece de cuerpo, memoria y experiencia vital.

Como se subrayó en la conclusión –y como así se ha subrayado en diferentes ocasiones-, la IA puede producir textos eficaces, pero no puede sustituir el significado humano que nace de la experiencia vivida.

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