06 diciembre 2013

Búsqueda y anticipación en las nuevas tecnologías afectivas

Por José A. Vázquez

Las emociones como base de la recomendación online

Ya antes de que se hablara de la web semántica, pero sobre todo a raíz de ella, la evolución de Internet –y con ello tecnologías derivadas como las aplicaciones- ha consistido en desarrollar en la red la capacidad de la anticipación. En realidad es algo que la tecnología comparte con la ciencia: en interés y la posibilidad de anticiparse a lo que nos va a ocurrir, a posibles enfermedades, pero también a nuestros deseos, emociones, gustos o, como es el caso, sencillamente a las respuestas de las búsquedas online.

Research areas

La importancia y creciente interés por la llamada inteligencia emocional en los últimos años, que abarca desde la ciencia a la educación, ha hecho que surjan diversas iniciativas para conseguir conocer mejor este aspecto del ser humano. La neurociencia y la robótica, por ejemplo, convergen en el desenmascaramiento y reconocimiento, respectivamente, de todas las vertientes y expresiones de nuestras emociones. Hoy en día los científicos ya han sido capaces de cartografiar el estado emocional de las personas en función de su actividad neuronal, incluso en sueños, e incluso sabiendo qué imágenes podríamos ver en dichos sueños y qué efectos nos producirían. Cada emoción, al parecer, tiene su propia “firma neuronal”.

Hay ya quienes afirman que la “computación afectiva” va a cambiar de forma determinante la manera en que los humanos nos vamos a relacionar con los ordenadores. Algo en lo que comienzan a fijarse cada vez más empresas: la emoción es lo que impulsa radicalmente también la forma de relacionarse el consumidor con marcas y productos. La idea de la computación afectiva es traer al mundo las tecnologías emocionales capaces de detectar y adaptarse a una amplia gama de experiencias emocionales de los usuarios.

Mediante sistemas de medición como son las expresiones faciales –es el caso de Affdex, de Affectiva desarrollado en el MIT Media Lab, entre otras tecnologías que trabajan en esta línea-, los gestos, la voz, el sudor y la frecuencia cardíaca, las nuevas tecnologías favorecen que los ordenadores, los teléfonos y otros dispositivos similares puedan hacernos un seguimiento para después responder o anticiparse a las emociones humanas, algo que tiene importantes implicaciones en el desarrollo de productos, marketing, ventas y servicios. El futuro digital de este tipo de comunicación también va ir muy ligado a lo que se llama “tecnologías ponibles” (wereables).

Aunque puede parecer algo rebuscado, en realidad hay hechos cotidianos de la comunicación digital que ya usamos para hacer saber de manera más o menos precisa una emoción o sentimiento que acompañe a nuestros textos. Ahí están los emoticonos, antiguos compañeros de navegación online y de comunicación móvil pero que siguen en uso. De hecho Facebook ha investigado -junto al profesor de psicología Dacher Keltner de la Universidad de Berkeley, y Pixar-, formas más complejas para este tipo de comunicación que quiere reflejar ciertos sentimientos, emociones, estados de ánimo o sencillamente situaciones a través de dibujos o emoticonos. La misma base de trabajo de los que quieren competir con Whatsapp, la japonesa Line. De hecho, la comunicación online misma ha creado una serie de nuevas emociones vinculadas al hecho de las relaciones sociales también online. Sensaciones que tenemos a diario y que nuestros antepasados analógicos nunca sintieron.

Bitly.com, el servicio web para acortar las URLs, ha puesto en marcha una aplicación –Bitly for feelings, actualmente en fase beta- con la que invita a los usuarios a expresar lo que sienten junto con el contenido que comparten. Es decir, que el usuario haga saber qué les ha hacho sentir determinada noticia, post, enlace, vídeo, contenido en definitiva. Contenido que muy bien puede ser un libro, una reseña, una obra de teatro, una exposición, etc. El método empleado es usar acortadores que significan –en inglés- sentimientos o reacciones tales como demostrar que gusta determinado contenido (luvit.me), que haga gracia (lolthis.me), que no guste o dé miedo –no necesariamente algo relacionado con el horror, cualquier noticia económica actual puede valer para usar este acortador- (scaryto.me), nos resulte triste (sadto.me) o también para expresar algún deseo (iwanth.is), entre otras opciones.

Bitly for feelings

Más lejos del mundo limitado de los emoticonos, la tecnología avanza para buscar una mayor afinación en sus propuestas. De este modo, también una webcam podría bastar para que, por ejemplo, mientras leemos un libro, asistimos a un concierto online, una presentación, miramos una obra de arte, la tecnología supiera mediante nuestros gestos, si nos gusta, no nos gusta, qué sensación nos produce. Igual sería con un micro a través del reconocimiento de voz o de las propias palabras en su contexto. Ya hay empresas que utilizan esta tecnología a través de sus cámaras de vigilancia para saber la satisfacción de sus clientes. Como vemos, no haría falta ningún soporte para este tipo de utilidades, y se podría exportar a las visitas a los propios establecimientos, museos, librerías, y leer reacciones en los visitantes. Reacciones a cubiertas de libros, precios, experiencias, servicios. Todo para lograr cierta estimulación y también para la anticipación.

Cómo no, muchas de estas tecnologías pasan por los móviles: sus propiedades y características pueden dar diferentes datos (mediante la voz, la navegación, los comentarios en redes sociales, la cámara, etc.) con los que los diversos algoritmos anticipen las decisiones o búsquedas del usuario. Por ejemplo, con respecto a la voz, se sabe que la emoción produce cambios en la respiración, fonación y articulación, que a su vez determinan la señal acústica. El tono emocional de la voz o de la prosodia comprende diferentes parámetros acústicos como la estructura temporal, la intensidad, la aspereza y la frecuencia. La emoción que se expresa por un hablante se caracteriza en todas las culturas por las propiedades universales de estos parámetros. Una vez que la tecnología móvil resuelva la lectura de estos parámetros, el móvil sabrá “entender” a su dueño quizá mejor que él mismo.

De momento la colaboración del usuario a través del texto o del registro son las formas más habituales de ofrecer datos que vayan acumulando la información necesaria a la tecnología. Lejos de esta suerte de ejemplos anteriores casi de ciencia ficción para muchos –y que ya no lo son tanto-, existen aplicaciones como Stereomood. Esta aplicación ofrece un variado repertorio musical según el estado de ánimo en el que el usuario dice sentirse. Como descubrimiento de nuevos temas y grupos musicales resulta una herramienta muy acertada y en cierto modo adictiva. Además, cumple con una de las funciones básicas de estas nuevas herramientas, que es la de dar a conocer contenidos novedosos que puedan realmente interesar al usuario.

Como en otras aplicaciones, la información dada –los “me gusta”, “no me gusta”, “favoritos”, etc.- hace que las sugerencias cada vez afinen más, pues es cierto que el estado de ánimo no influye (lo suficiente, al menos) como para que guste un tipo de música determinado. Es decir, por mucho que alguien se sienta contento, enérgico, o por el contrario, triste, desilusionado, si al usuario no le gusta el Hip-hop, difícilmente le va a gustar debido a la recomendación. Por eso es importante tanto el nivel de participación del usuario –recordemos Gus, que hace uso de la gamificación para el descubrimiento y la recomendación de libros– como la calidad del algoritmo utilizado por la tecnología de dichas aplicaciones, dejando aparte intereses comerciales que siempre se pueden dar en los resultados de búsqueda, claro y que el usuario sabe muy bien identificar.

La tecnología de las aplicaciones, particularmente, ha hecho dar un salto significativo a todo lo concerniente a búsquedas y recomendaciones a través de Internet. Mientras que los buscadores siguen la vía de la web semántica, las posibilidades de interacción con los soportes móviles y otros agentes que han entrado en la investigación de las tecnologías de la información, hacen que esta tecnología algorítmica quizá ya no sea tanto la esperada Web inteligente. Aunque hay casos actuales realmente esperanzadores como el de Luminoso, cuya tecnología trata de entender lenguas de forma semántica y en tiempo real. La idea de esta startup es crear sistemas de recomendación más allá de las ventas incurridas. Lo que hace básicamente es analizar el lenguaje para determinar si verdaderamente ha gustado determinado servicio o producto para, de este modo, poder recomendar otros servicios o productos con un mismo nivel de satisfacción real.

Recordemos antes que fue en el 2004 cuando Google introdujo sus búsquedas predictivas a través de la barra del buscador con Google Suggest y Google Autocomplete a la que en 2010 se unió Google Instant como denominación genérica de todos estos avances en su algoritmo. Con ello, Google pretende ayudar y facilitar las búsquedas, incluso de aquellas cosas de las cuales no recordamos su nombre, procedencia, etc., a la vez que da lugar a todo tipo de respuestas surrealistas y sorprendentes en la barra del buscador. Recordemos que esta tecnología se alimenta del uso que hacen los propios usuarios del buscador, es decir, también nos da una idea del tipo de sociedad que somos y de cuáles son las inquietudes más frecuentes en muchos casos.

Pero, como señalamos, otros modelos, posibilidades y ejemplos como los arriba mencionados están aportando su parte a la tarea de ofrecer servicios de respuesta a los usuarios. Tecnologías que no sólo buscan dar respuestas, también sugerir opciones, saber interpretar, en definitiva, todos los datos aportados por el usuario. Así, a las mencionadas tecnologías “ponibles”, los buscadores cada vez más inteligentes, la computación afectiva se le unen lo que se denomina la “computación contextual”, que une nuestros intereses, comportamiento, relaciones sociales, reacciones y todo tipo de datos personales para darnos toda la información posible y necesaria.

En definitiva, un todo unido en la que estas diversas tecnologías buscarán anticiparse a nuestras elecciones y deseos. Para unos escenarios propicios para el fomento de paranoias diversas, mientras que para otros la tecnología cada vez más cerca de la verdadera interacción hombre-máquina.

José Antonio Vázquez

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