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La silenciosa belleza de Burdeos

10-10-2010 | Burdeos, Saint Emilion, viajes

Autor: Jorge Iriarte

Que Burdeos (Bordeaux para los francoparlantes) es una ciudad con encanto es algo que nadie duda; un pequeño París muy cerquita de la costa y a tiro de piedra de España. Hoy nos sumergimos en esta ciudad silenciosa pero no vacía, turística, acogedora, con vida, llena de luz, de parques, de Historia. Es prácticamente imposible encontrar un edificio desagradable a la vista. Incluso las construcciones más viejas y descuidadas esconden su secreto atractivo. Barrios elegantes, barrios bohemios y pintorescos, barrios étnicos... todos ellos con un encanto en común que les confiere esta singular ciudad declarada en 2007 Patrimonio de la Humanidad. Por algo será.

entrada a BurdeosSorprende al llegar a Burdeos desde España encontrarnos en el centro de dos maravillas: a nuestra derecha, en paralelo y vigilando nuestra llegada, el río Garona, ancho, caudaloso e imponente, tanto que es uno de los pocos del mundo donde los surferos pueden remontar, en ciertas partes de su recorrido, su "ola de marea". Río francés por excelencia a pesar de nacer a los pies del Aneto en el Pirineo Aragonés. A nuestra izquierda, nos vamos encontramos con el impresionante conjunto arquitectónico de la Plaza de la Bolsa, dedicado a Luis XV y construido entre 1731 y 1755. Los jardines que lo rodean, donde se mezclan flores ornamentales con hortalizas y todo tipo de plantas comestibles,  y la curiosa explanada de agua donde todo se refleja nos ofrecen una idea del tipo de ciudad que comenzamos a descubrir: limpia, llena de zonas verdes, pensada para ser vivida y disfrutada, útil y bella al mismo tiempo.

Vista BurdeosEn pleno centro de Burdeos nos encontramos el característico arte de la calle Porte Dijeaux, por la que bajando nos cruzamos con otra vía, Vital Carles, que nos lleva a la librería Mollat. Librería digna de ver, pues aparte de ocupar el lugar donde se encontraba la última residencia del filósofo Montesquieu es un local en el que se respiran letras y café al mismo tiempo. Con varias alturas, es visita imprescindible para los amantes de los libros, un sitio donde perderse una mañana entera si se tiene tiempo. Como curiosidad, llama la atención la iniciativa que han tomado de habilitar un carnet gratuito para todo aquel joven bordelés de 0 a 25 años que desee obtenerlo consiguiendo así diversas ventajas: descuentos en cine, conciertos y espectáculos, museos, etc.

Paseando por sus calles sorprende la modernidad del tranvía, el poco uso del coche (y menos aún del claxon) y lo mentalizada que está la gente en la utilización de la bicicleta y del paseo a pie, y es precisamente así como llegas a todos los sitios que merecen la pena, o a casi todos con un poco de paciencia, perdiéndote por las rues de tiendas, de anticuarios, de iglesias, de brasseries, como Le Bistrot des Négociants, sitio idóneo donde pedir un Kir Royal (mezcla típica de champagne y crema de cassis que se toma como entrante), un salmón ahumado con queso o un exquisito confit de canard (de pato) con salsa de miel (absolutamente recomendable) y patatas asadas. Servicio impecable, y políglota (inglés, alemán, italiano, castellano...). Al igual que la librería, es una parada indispensable.

CACPYa hemos hecho las delicias de los lectores y las de aquellos a los que se conquista por el estómago. Cómo no, los amantes del arte también tienen su lugar: Entrepôt Lainé, el museo de Arte Contemporáneo (CAPC). En este espacio se combina arquitectura y arte moderno. El edificio, también llamado Almacén de Productos Coloniales, fue inaugurado en 1824 junto al barrio de los negocios, les Chartrons, para almacenar azúcar, café, especias, algodón, etc. Hoy día, como hemos dicho, alberga arte contemporáneo. El museo es gratuito, y sólo por ver el magnífico interior del edificio la visita merece la pena. Para facilitarnos la visita, un miembro del personal del museo se dirige a nosotros en perfecto español para orientarnos y entregarnos un plano de la exposición temporal que en ese momento tenga lugar.

Catedral de BurdeosDe obligada visita es también la Catedral de Saint André, de estilo gótico aunque de origen románico (finales del siglo XI), del que sólo conserva los muros interiores de la nave principal. Separado de la catedral llama la atención el impresionante campanario o torre Pey-Berland, una enorme torre cuadrangular construida en el siglo XV que ofrece unas espectaculares vistas de la ciudad de Burdeos a quien se atreva a enfrentarse con su interminable y empinada escalera de 231 peldaños. Por experiencia, cuidado con la cabeza al salir al mirador de la altura superior.   

Motivo de orgullo para los habitantes de Burdeos es el Gran Teatro, inaugurado en 1780 y que llama la atención por su preciosa fachada neoclásica con sus doce columnas corintias. Está considerado uno de los teatros más bellos de Francia.

Monumento goyaCambiando radicalmente de escenario, llegamos al cementerio de la Chartreuse donde como sabéis fue enterrado Goya tras su exilio en Francia, aunque ahora sólo permanece un monumento en memoria del pintor, pues su cuerpo fue trasladado a Madrid. Las visitas están permitidas hasta las 5 de la tarde. Pasear entre los panteones te transporta a una época anterior donde se percibe el olor a restos de opulencias pasadas. El cementerio por lo general está bastante descuidado aunque pasear por sus caminitos merece la pena para contemplar algunas esculturas cubiertas de musgo y de enredaderas demasiado crecidas.

Jardín BotánicoHablando de enredaderas, el jardín botánico de Burdeos se ideó como tal en el año 1629 aunque no fue hasta 1858 cuando se instala en el parque público de Burdeos, actual emplazamiento. Pasando por el arco tras atravesar el parque (lugar ideal donde echar una siesta "tipical spanish") lo primero que se ve es un estanque lleno de peces y nenúfares de colores. El resto se equipara con la más amplia imaginación de colores y formas. Aunque no es muy grande, las especies raras y parterres dan muchísimo de  sí. Hay que verlo para saber de lo que hablamos.

Flores

Visitando esta zona... ¿cómo no hablar de su vino? Pecado sería no acercarse a la localidad de Saint Emilion, patrimonio de la humanidad, famosa por sus viñedos y su iglesia subterránea. En este pueblito se encuentran muchas bodegas sobre todo familiares, tiendas de canelés (dulces típicos a base de huevos, leche y vainilla) por doquier y, como decíamos, su famosa iglesia, la Iglesia monolítica de Saint Emilion. Ésta fue excavada, no construida, a finales del siglo XI por monjes benedictinos. El campanario, de 4500 toneladas, fue construido aparte entre los siglos XII y XV. Lo que realmente impresiona son las dimensiones de la iglesia, teniendo en cuenta que fue excavada en la roca, de una sola pieza y en esa época, contando con los medios de entonces. Es una lástima que apenas existan fotos de la misma, pues hoy por hoy es de propiedad privada y están prohibidas en el interior del recinto. Es la iglesia monolítica de la época medieval más grande de Europa. Forman parte, además, de este rico patrimonio  excavado en la roca una ermita y una capilla contiguas a la catedral.

macaronPor último, nombrar la estrella de Burdeos: los macarons. Sí, sí, aquellos que comía María Antonieta mientras el pueblo se moría de hambre. La receta de los macarons es, en cuanto a ingredientes se refiere, aparentemente sencilla:  básicamente, azúcar, almendra molida y claras de huevo. Sin embargo, según los profesionales  de  la repostería es una de las masas más complicadas de hacer. Por eso, sin desanimar a nadie y siendo prácticos, os recomendamos sin dudarlo una pastelería en el centro de Burdeos: Maison Larnicol. Son de los pocos, si no los únicos, macarons de Burdeos que no tienen conservantes ni colorantes. ¡No os los podéis perder!

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