16 diciembre 2009

Debate sobre derechos digitales

hamlet.jpg El debate sobre los derechos digitales comienza a cobrar cada vez más presencia y sentido. El viernes pasado Random House envió una carta a agentes, autores y plataformas de distribución de contenidos donde intenta dejar muy claro que, según su interpretación de los contractos firmados, esta editorial cuenta con los derechos para reproducir, distribuir y vender las versiones digitales de las obras de su catálogo.
Su argumento es que la versión digital no es más que un modalidad más de las diferentes “posibles versiones de un libro” (tapa dura, rústica, bolsillo, club, CD, etc.) y que, dado que la mayoría de sus autores de su catálogo cedieron en su día a esta editorial con carácter exclusivo los derechos de reproducción, distribución y venta en todas las modalidades en forma de libro, entienden que la versión digital de los mismos está incluida en este contrato.
Aunque la mayoría de los editores de Estados Unidos ya han incluido los derechos digitales del libro para 15 años en los contratos de sus nuevos autores, todavía hay muchos títulos publicados antes de la inclusión explícita de los derechos digitales en los contratos. La cuestión de quién posee exactamente los derechos electrónicos de dichos títulos más viejos no queda clara, por lo que está siendo una fuente creciente de conflictos en el sector.
Los autores y los agentes están particularmente preocupados de que los editores no ofrezcan suficientes sobre royalties por libros digitales, a pesar de que son más baratos de producir. Algunos ya están considerando la posibilidad de reservar sus derechos digitales para otras editoriales o plataformas que les den un porcentaje más justo. Así lo han entendido los herederos de William Styron, quienes han decidido publicar las obras del autor en Open Road, la reciente editorial digital de Jane Friedman. Random House no piensa igual y las discusiones entre editoriales ya están abiertas. Ya hubo una demanda de Random en 2001 en contra Rosetta Books, otra editorial digital. Al fin el juez desestimó que “cualquier forma o versión de libro” incluyera necesariamente la versión e-book. Random tuvo que negociar con Rosetta el número de libros que estos editarían en e-book ya que el caso nunca llegó a juicio.
Al gremio de autores (o Authors Guild) en Estados Unidos esta carta de Random House les ha parecido «lamentable e inútil» y han desaprobado su tono casi intimidante. Lo que queda claro es que este aviso a navegantes de Random House es una clara declaración de intenciones. O se está de acuerdo con su interpretación o lo decidirán los tribunales.

5 Responses

  1. La irrupción del formato digital ya es un hecho; al igual que en la música, se avecina un cambio brutal en el sector; y es que lo mismo de siempre: internet rompe intemediarios en favor de la gente y la cultura y conocimiento; todos los actores de este mercado deberían darse cuenta de esto y revisar sus labores y prepararse para el futuro….(intermediaciones, nuevas labores de los editores, autores con nuevas formas narrativas y formales…)no se pueden obviar las venta de smartphones, de netbooks, no se puede obviar que en Ares pones ‘roberto bolaño’ o ‘cortázar’ y puedes bajar lo que quieras…, por no hablar de cómo la lectura previa on line favorece las ventas…
    O editores y gestores revisan sus funciones mirando hacia el futuro, o alguien les ganará la partida; el digital no es que sea el futuro es que ya está aquí…

  2. Estoy seguro de que en Random House son conscientes de que sus contratos no les permiten esa nueva explotación de una obra, ni pactada ni imaginable, en forma de libro electrónico, y que les da lo mismo ya que esto es un pulso.
    El problema es que esto genera protestas y rechazo, así que lo lógico sería renegociar los derechos, máxime cuando además los porcentajes para los autores suelen ser mayores en el libro digital. De lo contrario, como apunta el artículo, se irán a otros. Sin duda es una oportunidad para las editoriales que empiezan.

  3. Me da la impresión que nadie se pone de acuerdo en si ha cambiado el formato, el canal o es un producto nuevo. Para acabar de rematarlo el negocio on-line genera
    1. altas expectativas a los autores (económicas, digo)
    2. las editoriales están «acojonadas» por como conjugan su canal tradicional con este (el miedo al canal de toda la vida, vamos).
    3. eso hace que no acaben de apostar por la oportunidad digital, con el consiguiente enfado del autor que le regresa al punto 1.
    Yo tampoco tengo muy claro quien es el propietario de los derechos, pero tengo clarísimo que mientras siguen discutiendo otros ya nacidos en entornos digitales, los que pueden piratear, y los que se saltan o se aprovechan de la confusión legal les van ganando terreno. Por eso les convendría ponerse de acuerdo rápido.
    Coincido con los comentarios de Javier y Cristobal.
    Con vuestro permiso os dejo este interesante que tiene que ver con este tema:
    http://publishingperspectives.com/?p=9212
    Saludos

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