02 enero 2017

Desviar la atención en el debate sobre la evolución digital

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EBOOK speech thought bubble cloud text blue, vía Shutterstock

Por José Antonio Vázquez y Javier Celaya

A lo largo del pasado 2016, hemos visto en muchos debates como algunos profesionales del mundo del libro intentaban reiteradamente desviar la atención sobre la evolución del mundo del libro (papel y digital) aportando una mirada incompleta sobre la verdadera situación del sector editorial.

Aunque el sector editorial español haya experimentado un ligero rebrote en el año 2015, con un crecimiento de ventas del 2,8%, si miramos en detalle el reparto de esta facturación, veremos que el supuesto repunte del mundo del libro es más bien un ansiado espejismo. La tan aclamada recuperación en ventas en papel se debe casi en su totalidad al crecimiento de las ventas del libro de texto, así como los libros de colorear, etc.

En este contexto de supuesta recuperación, si se analizan en detalle los datos de ventas de las dos principales categorías (novela y literatura infantil y juvenil) que normalmente suelen tomarse como referencia a la hora de analizar la evolución del mundo del libro, vemos claramente que el mercado sigue retrocediendo año tras año. En el 2015, la literatura perdió otro 1,4% en facturación, mientras que el libro infantil y juvenil caía un 5,9%. Lo único que verdaderamente crece y de forma continuada desde 2007 son las ventas digitales.

Sospechamos que en este nuevo año que estrenamos volveremos a ver estrategias similares para intentar desviar la atención y el debate sobre el impacto real de Internet en el mundo del libro destacando temas colaterales en vez de centrarse en lo verdaderamente relevante.

Las cifras que señalan un supuesto estancamiento de la venta de libros digitales parece que, incomprensiblemente, alegra no siempre disimuladamente a partes del sector, quizá porque siempre se ha mostrado reacios al formato y a todo lo que tenga que ver con la evolución digital. Sin embargo, las cifras globales indican lo contrario, otra cosa es que el mayor volumen de ventas de ebooks tenga lugar en el lado de los libros autopublicados (más de 25 de los ebooks vendidos en España son autoeditados), y no en los libros que publican las editoriales de toda la vida.

Ante esta realidad, muchos profesionales siguen analizando la evolución del mercado digital comparando los índices de ventas de libros en papel versus digital, cuando deberían comparar la creciente dedicación de horas de lectura en pantallas versus en papel. La tendencia importante a seguir en 2017 no es el porcentaje de ventas en un formato o en otro, sino las horas de dedicación de los lectores a la lectura en papel o en pantallas. Los datos sorprenderán a muchos profesionales del mundo del libro.

Es cierto que hay cosas que parece que han cambiado muy poco en estos últimos años de transformación. Para algunos –aunque no todos lo afirmen abiertamente- los ebooks siguen siendo todavía un virus que ha venido a matar el mundo de la edición, si bien es cierto que las dificultades que presenta el formato siguen en parte sin solucionarse: las dificultades de acceso a muchas plataformas, el maldito DRM, los ecosistemas cerrados como el de Amazon que limitan el crecimiento de un mercado sostenible para todas las partes, los precios de venta al público incomprensiblemente altos en muchos casos, etc. Y ahora, encima, llega la autoedición y lo pone aún todo más patas arriba.

Incluso algunos directivos de grandes editoriales como Penguin han hecho una suerte de examen público de conciencia asegurando que su compañía ha hecho demasiadas inversiones en experimentos digitales, llevados por el entusiasmo (otra noticia que hemos visto muy retuiteada a modo de ‘lo veis’). Es posible que muchas de estas inversiones han sido deficitarias, seguro, pero si en un momento de transición donde aparecen todo tipo de soportes, plataformas, nuevos canales de venta y formatos, una editorial de la envergadura de Penguin no se lanza a experimentar, hoy en día no disfrutaría del liderazgo digital que sostiene.

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Ordering E-book Ebook download internet symbol blue computer keyboard, Shutterstock

Gracias a estas inversiones, incluidas las deficitarias, las editoriales que han apostado por su futuro digital han aprendido mucho de los pasos positivos y errores que han ido dando. A través del ensayo y error, estas editoriales cuentan hora con cierta ventaja a la hora de tomar decisiones estratégicas en cuando a contenidos digitales, como, por ejemplo, no abandonar el desarrollo de apps infantiles educativas. Hachette tampoco le da precisamente la espalda a las apps, bien al contrario.

El debate en 2017: la calidad de los contenidos digitales

Según algunas declaraciones que se pueden leer u oír en algunos foros, parece que el nuevo argumento es desviar la atención hacia la calidad de lo que hoy se edita y vende en versión digital, y cómo desde la irrupción de los ebooks se está empobreciendo o bajando el nivel en el mundo del libro. El debate de la calidad es muy interesante. Lo que ocurre –y es un error en el que alguna vez hemos caído muchos, y hay quien lo sigue haciendo-, es que el debate literario no es el debate sobre el futuro del sector. En el mundo editorial se publica todo tipo de libros, hasta últimamente muchos libros de colorear, etc.

Ni el ebook, ni la autoedición, son los responsables de la supuesta actual baja calidad literaria. De hecho, hay quien argumentó lo mismo en referencia a los libros de bolsillo, como el mismísimo George Steiner. Las editoriales saben que hay lectores de todo gusto y condición por eso venden todo tipo de libros, sea del género que sea. Todos sabemos que gran parte de las editoriales viven de los hits de año, que son muchas veces el único libro que leen al año muchas personas. No sé si a estos lectores se les puede considerar cultas o no, no nos atrevemos a tanto.

Cuando el principal problema del sector es el descendiente número de lectores, nos parece un lujo desviar los debates con la excusa de la calidad –en bolsillo, en digital, en autoedición o en general- o sacando balones fuera ante los propios errores y contradicciones a la hora de gestionar una estrategia digital. Guste o no, para tomar decisiones, además de escudriñar cómo adaptarse a los nuevos modelos de negocio en Internet, va a ver que analizar detenidamente todo lo que esté sucediendo en el ámbito de la autoedición (temas que interesan a los lectores, precios de venta al público, etc.) sin entrar en qué tipo de contenido que venden. Insistimos, ni el formato ni el precio determinan la buena o mala pericia de un escritor o un editor.

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