21 julio 2026

Expertos alertan sobre el auge de los libros infantiles creados con IA

Imagen de Sabrina Eickhoff en Pixabay

Imagen de Sabrina Eickhoff en Pixabay

En los últimos años, la IA ha irrumpido en casi todos los ámbitos de la creación, y la literatura infantil no ha sido una excepción.

Cada vez son más los contenidos generados por herramientas automáticas que prometen facilitar -y abaratar- la producción de libros para niños.

Sin embargo, esta tendencia ha generado un intenso debate entre autores, ilustradores y expertos en educación, que cuestionan tanto la calidad de estas obras como el impacto que podrían tener en el desarrollo de los más pequeños.

Las redes sociales se han llenado de tutoriales y testimonios que aseguran que crear un libro infantil con IA es rápido, sencillo e incluso rentable. En cuestión de minutos, estas herramientas son capaces de generar textos e ilustraciones completas. Pero ¿realmente cumplen con lo que los niños necesitan?

Para profesionales como la ilustradora y docente Megan Kearney, la IA carece de intención y criterio propios. Según ella, estas tecnologías se limitan a replicar patrones existentes, sin comprender las necesidades emocionales, intelectuales o educativas de los pequeños lectores. Un libro infantil, subraya, no es sólo un producto de entretenimiento, sino una herramienta fundamental para el aprendizaje, el desarrollo de la imaginación y la comprensión del mundo.

Los expertos coinciden en que los libros para niños son mucho más que palabras e imágenes,  son el primer contacto con el arte y la literatura. Por ello, reducir su creación a un proceso automatizado puede suponer una pérdida de profundidad y sensibilidad.

Kearney advierte que elaborar una obra de calidad requiere conocimientos específicos sobre cómo los niños procesan la información y cómo interactúan con las palabras y las ilustraciones. Recurrir a atajos tecnológicos, en su opinión, refleja una falta de compromiso tanto con el proceso creativo como con los propios lectores.

A pesar de estas preocupaciones, por ahora es relativamente fácil evitar los libros generados por IA. La mayoría se distribuyen a través de plataformas de autoedición y tiendas online, mientras que las  librerías físicas -especialmente las independientes-  mantienen criterios de selección más estrictos.

Rex Ogle, escritor de literatura infantil y juvenil, explica que muchos libreros están alerta y rechazan obras creadas con IA, ya que su labor incluye  apoyar a autores e ilustradores profesionales. Además, las grandes editoriales ya están incorporando cláusulas en sus contratos que  limitan o prohíben el uso de estas herramientas.

No obstante, el futuro es incierto. Ogle teme que, si las editoriales ven en la IA una forma de reducir costes, podrían flexibilizar sus posturas. Este cambio afectaría especialmente a los ilustradores, cuyo trabajo -más laborioso que el de los escritores- sería más fácil de reemplazar. Incluso algunos autores ya utilizan IA para generar esquemas o borradores, lo que plantea dudas sobre la autenticidad del proceso creativo.

Aun así, Kearney se muestra moderadamente optimista. Los niños, argumenta, seguirán buscando historias que les emocionen y despierten su curiosidad, algo que la IA aún no puede ofrecer de manera auténtica. “Ya existen muchos libros malos», concluye. «Lo que no necesitamos es una máquina que produzca aún más».

Así, el debate no es sólo técnico, sino ético y pedagógico. Es decir, saber si queremos que la literatura infantil sea un producto más de consumo rápido, o seguir valorando el esfuerzo, la originalidad y la conexión humana que sólo el talento creativo puede aportar.

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