19 abril 2017

Poesía y formato digital

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poetry word typography – text in letterpress wood type on a digital tablet with a cup of coffee, vía Shutterstock

Por José A. Vázquez

Hablamos mucho de edición digital y de nuevas narrativas, lo cual parece que supone, implícitamente, que todo lo que tiene que ver con el formato digital y sus variantes tiene que ver con la ficción, ensayo, manuales, etc.

Pero ¿qué pasa con la poesía digital, o la poesía en este formato? Para comenzar, la poesía digital no es lo mismo que la poesía en formato digital. Ocurre lo mismo con la diferencia entre los ebook y las nuevas formas de ficción, que van de la interactividad al juego, y que aprovechan las ventajas de lo digital –en su amplio concepto- para experimentar otras formas de expresión. Son, pues, asuntos diferentes.

Aunque mi propósito era saber qué es lo que se está haciendo con y sobre la poesía en formato digital, tanto en labor de edición como desarrollo, no quiero dejar mencionar brevemente algunos aspectos de la poesía digital que hoy se pueden ver reflejados de diverso modo en las nuevas formas de creación, desarrollo y edición digital existentes.

La llamada e-poesía, antes ciberpoesía, es un modo de expresión que lleva muchos años de experimentación, tantos como para dejar de ser tentativa y pasar a ser un forma de expresión propia. Hace uso de elementos tecnológicos y de la web para lograr una representación diferente a la del papel, muchas veces buscando también un efecto estético concreto. Algo similar en este sentido a lo que ya hiciera, por ejemplo, Apollinaire en sus Caligramas. En el caso de la poesía electrónica, se tiene la ventaja de que al ser un formato pensado para la pantalla, los recursos para la creación son muchos, y van desde el juego con imágenes, poesías animadas, poemas escritos con código ASCII, poesía hipervinculada, etc.

A estas formas de representación poética, se les han unido más recientemente plataformas de comunicación actuales, como Twitter, Flickr, Tumblr o Instagram. En cada una de ellas, los nuevos poetas (no entramos ahora aquí en valoraciones de mayor o menor calidad, como siempre) aprovechan las características de tales plataformas para compartir sus poemas: por ejemplo la brevedad obligada en Twitter, las imágenes en Flickr o Instagram, los Gifs en Tumblr, etc.

El interés en estas formas de expresión poética crece a medida que se multiplican los ejemplos. En Francia –un país donde se pueden encontrar muchas referencias a la poesía digital- hay un MOOC dedicado por entero a esta disciplina. En estos momentos, como no, hemos llegado también al tiempo en que los algoritmos también crean –o intentan- crear poesía, buscando también algorítmicamente su más que particular ‘angustia de la influencia’ para “escribir” sus poemas.

Esto último me sirve para enlazar con el tema principal de este artículo, la edición de poesía en formato digital, y la cuestión principal que surge al hablar de poesía en este contexto: la poesía exige esfuerzo, concentración, aún mayor que muchos textos literarios. ¿Quizá sea esta la razón por la que la poesía sea algo casi marginal en cuanto al formato digital, en ebook o app?

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3D illustration of computer keyboard with the script “Digital Poetry” on two adjacent pale blue buttons. Digital content concept, vía Shutterstock

Probablemente la razón es tan sencilla como la propia proyección de la poesía en general. La poesía es un género minoritario, sobre todo hablando en términos que van más allá de la lectura de autores clásicos. Así, las grandes editoriales o sellos medianos que cuentan en sus catálogos con libros de poesía y han pasado a digitalizar sus fondos –que precisamente suelen tener entre sus fondos a estos autores más clásicos y reconocidos-, los tienen disponibles en formato ebook (Lumen, Tusquets, etc.).

Aquellas editoriales especializadas en poesía, como pueden ser Visor, Bartlerby, Hiperión, Vaso Roto o Calambur, entre tantas, no han querido o no han visto necesario dar el paso al formato digital. Probablemente porque el perfil de sus lectores sienten arraigo por el papel. Como está pasando en todo el espectro del sector editorial, son los libros autoeditados de poesía los que más presencia tienen en cualquier catálogo de grandes tiendas online de libros.

Otro caso es el de las bibliotecas, donde la función y el servicio de divulgación y acceso que prestan les llevan a ofrecer poesía digitalizada, desde versiones facsímil hasta ediciones más modernas. Son los casos de La Biblioteca Nacional, o la British Library. Gallica o Europeana también hacen una labor similar, incluyendo también archivos sonoros, al igual que la Library of Congress en Estados Unidos.

Los casos más atractivos los podemos ver en formato app, y también bajo un enfoque documental y casi de estudio. Probablemente el ejemplo más conocido es la edición de Faber&Faber junto a Touch Press para iPad del extenso poema The Waste Land, de T.S. Eliot. A pesar de ser pionero (la app fue desarrollada en 2011), sigue siendo un ejemplo paradigmático para ver las posibilidades de edición/desarrollo en este formato digital concreto.

Para quien a estas alturas no conozca esta app, se encontrará con el manuscrito original bajo la edición de Ezra Pound con todas las anotaciones del autor, junto a su versión digital, que también se puede oír de manera sincronizada por varios ilustres lectores, como el propio T.S Eliot, el también poeta Ted Hughes o los actores Alec Guinness, Viggo Mortensen y Jeremy Irons. También hay una versión teatralizada en vídeo por la actriz irlandesa Fiona Shaw.

Dado que es uno de los poemas con mayores referencias intertextuales -y en muchos aspectos hermético- del siglo XX, también se incluyen notas aclaratorias interactivas, así como interpretaciones y apuntes en vídeo de otros autores y críticos como Seamus Heaney, Paul Keegan o Jeanette Winterson, entre otros. Se podría decir que es la edición digital de lujo de la gran obra de Eliot. Un poema difícil que justifica todos los recursos que ayudan a desvelar su significado. El gran problema de esta app para muchos, el peso: ocupa un giga de memoria.

En la misma, unos dos años después (2013) estela surgieron las apps literarias del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), de México, también para iPad. Unas apps que no tienen nada que envidiar a la de Eliot, con autores de la talla de José Gorostiza, Octavio Paz y Amado Nervo. El esquema es el mismo: el poema en versión digital, manuscritos originales (facsímiles), críticas y estudios literarios, comentarios de expertos, lecturas de poetas y actores, galería de imágenes, vídeos, audios, etc., con algunas variaciones (por ejemplo, la de Amado Nervo incluye una imagen en 360º del estudio del escritor y objetos personales del mismo, con su debida explicación, y con los que se puede interactuar; para los más fetichistas).

Desde Chile, también con iniciativa de la administración pública, podemos leer “Los sonetos de la muerte”, de Gabriela Mistral. El enfoque es parecido a los anteriores, pero con menos contenido en general y menor interactividad. Además de los poemas, sus ediciones manuscritas, críticas e interpretaciones y tres lecturas diferentes en audio, también se añade una línea de tiempo acompañada con imágenes. Tiene problemas de usabilidad, como la falta de pausa en la lectura en audio (la única opción es apagar la app para detener la lectura), o no indicarse en qué parte del poema se avanza, como sí se señala en las anteriores cambiando el color de las palabras según se lee el poema. En general, la navegabilidad por la app demuestra claros errores.

poetica-2.0En España ha surgido una iniciativa más reciente, Poética 2.0, una serie de apps  para iPad y para Android (hasta el momento Poesía española de la Edad Media el siglo XIX,  Poesía Valenciana I y otra sobre el poeta valenciano Vicent Andrés Estellés) que forman una suerte de antologías audiovisuales con actores de cine, teatro y televisión interpretando los textos que acompañan a tales antologías. También van  acompañados de revisiones y críticas.

Es una iniciativa privada, por lo que al contrario que en los dos casos anteriores, cuestan dinero, si bien se trata de un pago-in-app; es decir, hay partes de libre acceso, pero para poder disfrutar de otras muchos poemas y representaciones hay que pagar. El resultado es atractivo y claramente enfocado a un consumidor no tanto a estudiosos de la poesía, como puedan ser las apps de Conaculta (a pesar de su voluntad de difusión a un público amplio), como a amantes del teatro y de la poesía por igual.

Se pueden encontrar otro tipo de apps similares, si bien con una labor de desarrollo mucho menor, como las que existen, entre otros, sobre Pessoa o Benedetti en iTunes. También antologías, apps ‘pseudo-interactivas’, que enlazan a vídeos de YouTube donde se leen o se comentan poemas, o con estructuras similares o más sencillas hay muchas, sobre todo en Android, donde el filtro de calidad y casi inexistente, pero estas no merecen apenas mención por lo poco novedoso y la precisamente ínfima calidad en muchos casos.

Hace unos años, creo que en 2013, Nórdica sacó en formato app ‘El viento comenzó a mecer la hierba’, de Emily Dickinson. Según creo recordar, en la línea de las ediciones ilustradas de esta editorial, se podían leer los poemas –también con audio-, junto a las ilustraciones. Digo creo recordar porque cuando he ido a abrir la app para refrescar la memoria al hacer este artículo, dicha app no funcionaba. Me he puesto en contacto con los desarrolladores (ProyectoEgo), y con la propia editorial, pero nadie hasta el momento ha tenido a bien contestar.

Una falta de explicaciones que responden a una falta de compromiso que se suele adjudicar estos formatos digitales, vemos que con razón, y que ponen aún más palos a que la gente decida atreverse a experimentar con estos formatos. Es posible que no hayan tenido el resultado esperado, pero no hay que olvidar a los consumidores. Cuando TEDBooks decidió abandonar el formato de tienda app para vender sus libros en iBooks no dudó en enviarme en 24 horas los códigos correspondientes de los ebooks que ya me había comprado para descargarlos de nuevo gratuitamente en iBooks. Así creo que es como se hacen las cosas.

poetry foundation appSaliendo del plano antológico y casi de investigación de estas apps, también podemos encontrar alguna que sirve tanto como pequeña enciclopedia de la poesía –con especial hincapié en la norteamericana- como pionera en cierto modo herramienta de descubrimiento. Se trata de la app de The Poetry Foundation, una de las primeras que me descargué en mi primer iPod Touch, allá por  2010, y que hoy tengo en cualquier soporte móvil.

A pesar de ser una app primeriza dentro de este mundo, ya se adelantó en varios aspectos a herramientas de descubrimiento que hoy son habituales, como poder buscar poemas según diferentes emociones (nostalgia, aburrimiento, alegría, frustración, culpa, gratitud, etc.), e incluso combinar varias de estas para encontrar diferentes resultados que reflejen tales sensaciones o estados de ánimo. Muchos de los poemas, además del texto, ofrecen una versión audio. También, claro, se pueden buscar por  nombre del poeta o por temas (juventud, naturaleza, paso del tiempo, arte, espiritualidad, etc., etc.).

Poetika, de desarrolladores españoles, seguía una estructura similar como herramienta de descubrimiento. Gracias a la geolocalización, datos del móvil y del usuario, meteorología, estado emocional, etc., ofrecía resultados diferentes. En estos momentos, no aparece ya en la Appstore. La geolocalización también es la herramienta de Poetic Places, una app que, a través de las notificaciones del móvil, ofrece a los usuarios lugares significativos  de Londres desde una perspectiva literaria, tanto como referencia o emplazamiento para alguna obra o poema.

Poetry Foundation también son los responsables de la publicación digital en formato app de ‘Poetry Magazine’, una revista sobre poesía, con poemas, lectura de poemas y pequeños ensayos sobre poesía. Un formato similar es el que sigue  la italiana ‘Poesia’, pero más centrado en el estudio de los poetas y sus obras, además de costar casi 4€ el número.

En lo creativo, hay autores, al menos para mí desconocidos, que llevan al formato app la poesía visual que hoy puede incluir el vídeo a la lectura del poema y que se lleva haciendo hace tiempo en la web. Un tipo de poesía visual que como señalaba al principio se está ejercitando directamente en otras plataformas como Instagram o Tumblr, si bien limitados por el tiempo de grabación del vídeo. Un ejemplo de ello es ‘En la ciudad’, un fotopoemario con poesías de Roberto Ruíz Antúnez y fotografías de Benigno Bollo. Un formato tratado con elegancia en el que la imagen y la palabra cobran protagonismo frente al texto escrito.

Los famosos versos o frases ingeniosas (según se quiera ver) de ‘Acción poética’, el movimiento que comenzó en ciudades de América Latina donde  aparecen tales frases o versos en los muros de estas ciudades, también tiene su propia app, si bien no ofrece mucho más de lo que se puede ver en la web o redes sociales.

Como digo, hay muchas referencias a la poesía, muchas de ellas son apps para hacer poesías, o para que los niños, en un ámbito más educativo, usen la poesía como medio educativo y creativo. Sin embargo, y como hemos visto, es obvio que la poesía digital sigue la estela de la poesía: un lugar de recogimiento para sus verdaderos interesados.

En cierto modo es lógico que los responsables de editar poesía sigan su mismo curso de recogimiento y  decidan sencillamente ofrecer los textos a formato digital –lo cual nunca está de más, es bueno ofrecer esa opción para llegar a más lectores, sobre todo si se quieren abrir puertas a lectores de otros países-, pero hay que reconocer el valor y la calidad de algunas de estas apps mencionadas.

Lo bueno sería que este tipo de proyectos salieran de ecosistemas cerrados como los de Apple y se ofrecieran en otros sistemas, o incluso en la web, como ya existen algunos ejemplos, aunque la mayoría a otro nivel (la misma Poetry Foundation, Poets.org, The Poetry Archive o Poesía Castellana, entre tantas). De momento parece que la edición de poesía, al margen de más o menos ePubs, está adoptando la opción de edición casi de lujo. De coleccionista, en este caso digital.

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