26 enero 2016

El sector editorial. Entre la innovación y el determinismo

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Imagen Paper on tablet, Ebook concept, vía Shutterstock

Por José Antonio Vázquez

De vez en cuando se abre el debate de la falta de innovación en el sector editorial. Últimamente uno de sus protagonistas ha sido Joe Wikert, afirmando quizá con demasiado pragmatismo que desde el Kindle apenas ha habido cambios sustanciales o disruptivos; una afirmación similar a la que hiciera anteriormente Laura Owen.

La trasformación está siendo vertiginosa en un sector tan, como se suele repetir, tradicionalmente conservador, de modo que quizá hablar de falta de innovación no sería del todo lo correcto. Al menos, siendo en parte cierto, merece ser matizado.

Después de siglos de mantener una industria que por su naturaleza era inmovilista, creo que hemos visto innovaciones suficientes en muy pocos años como para decir que el sector sí se ha movido y tratado de adaptar a los tiempos. Sin embargo, a pesar de las diferentes iniciativas, algunas de ellas tan pronto como surgen –muchas entre merecidos elogios-, desaparecen, bien absorbidas, bien sin terminar de conseguir establecerse o llegar a la meta que se habían propuesto en determinado plazo de tiempo. Son iniciativas, no obstante, que surgen fuera del ámbito puramente editorial.

Que casos como los de Readmill (la herramienta de lectura social que, valiente, huyó del esqueumorfismo que imita innecesariamente el libro de papel, y hoy absorbida por Dropboxox) y SmallDemons -dos de mis herramientas favoritas- no hayan tenido mayor éxito, llama la atención desde una perspectiva tecnológica, y se comprende desde la perspectiva de la parte más tradicional del negocio, sobre todo la primera, no tanto la segunda. Quizá por eso veamos últimamente varias pivotaciones en startups del sector, buscando su espacio definitivo. Pivotaciones que no suponen un fracaso en absoluto.

Estas caídas y transformaciones son habituales en otros sectores -aún más al hablar de startups-, y quizá por eso llamen algo la atención en el sector editorial y sean objeto de comentarios del tipo “se veía venir”. Lo cierto es que también estamos habituados a ver nacer editoriales que no alcanzan los cinco años de vida, algunas de ellas en principio también muy prometedoras, y nadie se extraña de ello.

Siempre que suceden casos como los mencionados, o más recientemente con Oyster (tan dependiente de los llamados ‘lectores ávidos’), uno se pregunta las causas de tales proyectos fallidos (el último en el punto de mira es Pottermore y sus millonarias pérdidas, aunque es un caso particular dado la fidelidad de su audiencia). Más aún cuando en foros, clases o incluso en reuniones con algún editor o lector apasionado ves cómo se les abren los ojos a los más reticentes a este tipo de tecnologías aplicadas al sector editorial.

Hablo ahora sobre todo del caso de SmallDemons, con su red visual de interrelaciones culturales que parece sacada de una lectura de la Teoría de la acción comunicativa de Habermas, de donde se infiere que las diversas manifestaciones comunicativas se adscriben a diversas relaciones con el mundo, como trataba de evidenciar esta herramienta: música, lugares, estilos, marcas, etc. Cualquier área referencial que sedimenta nuestro constructo cultural a través de la lectura.

Por tanto, si bien la fascinación personal o colectiva no es suficiente para hacer viable un negocio –que al cabo es lo que es-, también es cierto que de tales reacciones en persona a la vez que la falta de conocimiento o información de la existencia o verdadero valor de algunas startups para el sector, hacen advertir que hay algo en la relación entre startups y editoriales que no funciona, y una de ellas es la labor de comunicación.

Es común leer de fuentes que hablan y nos ponen al día sobre las noticias del sector sobre la aparición de según qué herramientas digitales, así como sobre las alianzas entre empresas tecnológicas y editoriales. Lo que no es tan común –por no decir nada- es ver desde los diferentes canales de comunicación de las editoriales cómo dan a conocer no sólo las alianzas (que se pueden encontrar apenas en notas de prensa al uso) sino también el sentido, utilidad, servicio que le pueden prestar al lector tales decisiones estratégicas.

Por tanto, se trataría de sentir la alianza en los dos sentidos. Son las editoriales las que ya tienen las audiencias, por tanto son las que pueden llegar a un público mucho mayor. Siendo como es el editorial la punta de lanza de todo el sector cultural, al él le corresponde la responsabilidad mayor de dar una imagen de trasformación y evolución, solo o acompañado por estas startups.

Otro asunto es el de los modelos de negocio. También se van viendo cómo las editoriales buscan nuevas maneras de monetizar sus contenidos y servicios, probando modelos y canales de venta y distribución alternativos. Quizá, quién sabe, dada la naturaleza de la plataforma SmallDemons, una campaña de crowdfunding o una empresa de carácter colaborativo -como invitaba su propia estructura- hubiera funcionado mejor. Los 5 millones de dólares de inyección y su alianza con grandes grupos como Simon & Schuster, Random House, Harper Collins y Hachette no fueron suficientes para evitar su cierre.

Es posible que también las startups tengan que acertar más con su modelo de financiación teniendo presente las particularidades del sector editorial, así como sortear el adagio de que no es un “terreno muy fértil” para el capital riesgo, dado que no se ve rápidamente la rentabilidad ni un crecimiento mínimo necesario de número de usuarios. Incluso saber desde un inicio cómo monetizar ese número de usuarios, bajo qué modelo que sea en verdad sostenible.

Aunque nadie tenga la clave del éxito, se debería aprovechar la buena salud de nuestras startups para crear mayores nexos de unión (según las previsiones, las startups españolas superarán los 500 millones de euros de inversión este año y crear al menos 7.000 nuevos empleos).

Iniciativas para descubrir lugares donde está la innovación no faltan. Bien sea a través de Ferias, hackatons, encuentros como los de ZincShower, Emprendelibro, y congresos como el del Libro electrónico, 4 Years From Now (del Mobile World Congress) o el European Ecommerce Conference (por abrirlo a otros campos que afectan igualmente a la evolución del libro). Así como incubadoras similares a lo que hacen en Pearson o como en el New York Times, donde poder trabajar mano a mano, y no tanto cada uno por su lado, sin atender o estudiar más detenidamente cuáles son las necesidades de la otra parte.

En definitiva, no es tanto falta de innovación, como dar el verdadero y definitivo paso a la voluntad de entrar en la esfera digital, que no es sólo cuestión de contenidos o formatos. Y para entrar hay que saber entender a los responsables de encauzar tecnológicamente el negocio y dejar mirarlos como geeks o freaks. Eso ya se vivió con las primeras páginas webs y las redes sociales, y hoy no hay marca que pueda funcionar sin ellas.

Como prueba de que al sector no le faltan gente con ideas, aquí van doce propuestas de innovación para diferentes aspectos que conciernen al mundo del libro:

1. YaBeam: plataforma móvil para la comercialización de contenidos que pone en contacto a editores con lectores gracias a la geolocalización e ‘Internet de las cosas’.
2. Tekstum: recomendación de libros a través de inteligencia artificial, Big data y análisis emocional de valoraciones en las redes sociales.
3. Manuscritics: plataforma que ayuda a editores y agentes literarios a descubrir nuevos talentos gracias a la lectura compartida de manuscritos.
4. Slicebooks: plataforma que permite la fragmentación y mezcla de contenidos editoriales.
5. Bookwire: plataforma de distribución de libros digitales especializadas en editoriales independientes.
6. Seebook: venta de ebooks y audiolibros ‘tangibles’ en librerías, bibliotecas y museos.
7. Roterbooks: para la gestión de procesos de edición colectiva en la nube.
8. The Spanish Bookstage: plataforma de compra y venta de derechos en español.
9. El placer de la lectura: red social de prescripción de lectura con más de 2 millones de lectores.
10. Komilibro: app de recomendación de lecturas basadas en las afinidades reales de los lectores.
11. Librotea: plataforma con más de 2.000 prescriptores de libros de todo el mundo.
12. Little Smart Planet: apps de lectura y juegos educativos infantiles y juveniles.

Propuestas que ofrecen soluciones y enfoques innovadores que podrían ayudar a los profesionales del mundo del libro (editoriales, agentes, librerías, bibliotecas, etc.) cómo entender mejor la era digital y con ello hacer crecer sus empresas.

Lecturas recomendadas:

Temas a debate en el mundo del libro en 2016

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